La futura PAC y el futuro de la patata española

La patata española afronta uno de los momentos más decisivos de su historia reciente, justo cuando la Unión Europea negocia la Política Agraria Común (PAC) 2028-2034, un marco que podría determinar si este cultivo sigue perdiendo peso o logra revertir su declive estructural.

 

Un sector bajo presión

El consumo de patata fresca en España lleva varios años en caída sostenida. En 2024 la demanda retrocedió un 2,8% respecto al año anterior, situándose un 11% por debajo de la media de los últimos cinco años. La tendencia no se ha corregido: entre enero y julio de 2025 el consumo volvió a bajar un 1% adicional, y los datos del primer semestre de ese mismo año confirman un descenso del 2,4% en el volumen de patata consumida en los hogares españoles, hasta los 406 millones de kilogramos.

A esto se suma un encarecimiento notable del producto: la patata fresca es una de las categorías de alimentación que más ha subido de precio en la última década, llegando prácticamente a duplicar su valor. La combinación de menor consumo y mayor precio ha generado lo que FEPEX (Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas Vivas) califica como un problema estructural, vinculado a la falta de organización sectorial, la presión regulatoria y la pérdida de confianza del consumidor.

La campaña 2026 refleja esta incertidumbre. Según datos del Ministerio de Agricultura, en 2025 la superficie sembrada de patata creció un 9,2%, hasta las 66.566 hectáreas, pero la producción no aumentó en la misma proporción debido a una climatología muy irregular. De cara a la próxima campaña, el sector anticipa un nuevo ajuste a la baja: se espera una reducción de unas 3.000 hectáreas en patata nueva, y recortes adicionales en las variedades de media y tardía estación, motivados por los bajos precios registrados en 2025.

 

El «patito feo» de la horticultura española

Para entender por qué la futura PAC es tan relevante para el sector, hay que remontarse a una decisión que marcó un antes y un después: la exclusión de la patata del régimen de ayudas sectoriales de Frutas y Hortalizas en la PAC 2023-2027. Mientras que el resto de hortalizas españolas puede constituir organizaciones de productores y acceder a un fondo operativo específico para financiar inversiones, la patata quedó fuera de ese mecanismo, convirtiéndose, según medios especializados del sector, en el «patito feo» de la horticultura nacional.

Esta exclusión no es un detalle menor. Significa que, a diferencia de productos como el tomate, el pimiento o la cebolla, los productores de patata no cuentan con las mismas herramientas de cofinanciación europea para modernizar sus explotaciones, mejorar la comercialización conjunta o desarrollar campañas de promoción sectorial. En un contexto de consumo a la baja y costes de producción al alza, esta desventaja competitiva estructural pesa cada vez más.

 

¿Qué cambia con la PAC posterior a 2027?

La Comisión Europea presentó el 16 de julio de 2025 su propuesta para el nuevo Marco Financiero Plurianual (MFP) y la PAC que se aplicará entre 2028 y 2034. Se trata de una reforma de gran calado que introduce varios cambios estructurales relevantes para el sector agrario español:

  • Fusión de los dos pilares tradicionales de la PAC (FEAGA y FEADER) en un marco único y más flexible, eliminando duplicidades administrativas.
  • Presupuesto garantizado de ayudas a la renta de 295.700 millones de euros para todo el periodo 2028-2034, una cifra similar a los pagos directos actuales pero que incorpora medidas adicionales antes financiadas por el segundo pilar.
  • Nuevo Fondo de Asociación Nacional y Regional (PNR), dotado con 865.000 millones de euros, que los Estados miembros podrán utilizar para financiar el resto de medidas agrícolas, de cohesión y de desarrollo rural, aunque sin un presupuesto específico garantizado.
  • Mayor flexibilidad para los Estados miembros, que ya no estarán obligados a reservar un presupuesto mínimo para jóvenes agricultores o medidas medioambientales, algo que antes sí era exigido por Bruselas.
  • Simplificación del sistema de pagos por superficie, con una reforma que prioriza a explotaciones familiares, pequeñas y de jóvenes agricultores, reduciendo el apoyo a las grandes explotaciones mediante mecanismos de limitación y degresividad.
  • Etiquetado de origen y refuerzo de la agricultura local, incluyendo la priorización de productos de la UE en los programas escolares de distribución de frutas, hortalizas y lácteos.

El Parlamento Europeo, a través de un informe de iniciativa propia aprobado por la Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural (cuya ponente es la eurodiputada española Carmen Crespo Díaz), ha pedido que el presupuesto de la PAC se mantenga independiente y reforzado, con un segundo pilar fuerte, y que se incremente el apoyo a explotaciones familiares y a agricultores jóvenes. Esta votación estaba prevista para el periodo parcial de sesiones de septiembre, por lo que el resultado final de la negociación aún está por definirse.

 

La gran reivindicación del sector: incluir la patata en las intervenciones sectoriales

En este contexto de reforma, el sector patatero español ha identificado una prioridad clara: lograr que la futura PAC incluya a la patata dentro de las intervenciones sectoriales, algo que no ha ocurrido en el marco vigente. Alfonso Sáenz de Cámara, presidente del Comité de Patata de FEPEX y director de UDAPA, ha reiterado esta demanda en distintos foros del sector, señalando que la mejora de la competitividad del cultivo pasa necesariamente por esa inclusión.

Durante la jornada «Planificación y futuro de la producción de patata en Castilla y León», celebrada en Tordesillas (Valladolid), Sáenz de Cámara insistió en que el sector necesita organizarse mejor y ser más visible, y reclamó una regulación de fitosanitarios más equilibrada, evitando prohibir productos mientras no existan alternativas realmente eficaces. También pidió acelerar la llegada al mercado de nuevas soluciones fitosanitarias que no se limiten únicamente al biocontrol, sino que incluyan sustancias activas de origen sintético y tecnologías emergentes.

La inclusión en las intervenciones sectoriales no es solo una cuestión simbólica. Permitiría a los productores de patata constituir organizaciones de productores reconocidas, acceder a fondos operativos cofinanciados por la UE para inversión en infraestructura, promoción y mejora de la comercialización, y competir en igualdad de condiciones con el resto de hortalizas españolas que ya disfrutan de este régimen.

 

El reto de la confianza del consumidor

Más allá de la negociación presupuestaria en Bruselas, el sector coincide en que buena parte del futuro de la patata española depende también de recuperar la confianza del consumidor. Sáenz de Cámara ha subrayado la necesidad de «hacer ver al consumidor que es un producto sano, económico y de cercanía», apostando por estrategias conjuntas de comunicación que impliquen a toda la cadena de valor.

Desde la Organización Interprofesional de la Patata de Castilla y León (OIPACYL), su presidente Juan Sandonis ha advertido de que el mercado «está convulso y necesita una cierta reestructuración», que podría comenzar precisamente por un ajuste de la superficie cultivada. Esta reestructuración, sin embargo, solo tendrá sentido si va acompañada de mecanismos de apoyo público que permitan a los productores modernizar sus explotaciones y adaptarse a las nuevas exigencias del mercado, algo que la inclusión en el régimen sectorial de la PAC facilitaría de forma directa.

Otro reto identificado por FEPEX es el bajo grado de transformación de la producción destinada a exportación: España exporta principalmente patata sin procesar, cuando lo ideal sería avanzar hacia formatos envasados o procesados con mayor valor añadido. Una estrategia comercial más coordinada, junto con acuerdos estables con los mercados de destino, podría ayudar a paliar la debilidad de la demanda exterior y los excedentes que actualmente afectan a la industria del congelado.

 

Qué significa esto para productores como FRUSANGAR

Para empresas del sector como FRUSANGAR, que trabaja de forma directa con agricultores en distintas regiones de España, el desenlace de esta negociación europea tiene implicaciones muy concretas. Una futura PAC que incluya a la patata en el régimen de intervenciones sectoriales facilitaría el acceso a fondos operativos para inversión, mejoraría la capacidad de planificación productiva y reforzaría la posición negociadora de los productores frente a una demanda cada vez más exigente en materia de trazabilidad, sostenibilidad y calidad certificada.

Asimismo, el nuevo marco financiero plurianual, con su previsión de reforzar el apoyo a explotaciones familiares, pequeñas y de jóvenes agricultores, podría beneficiar directamente al tejido de productores locales con los que trabajan compañías como FRUSANGAR, en línea con la filosofía de proyectos como Patatas LA CHULAPONA, orientados a fortalecer la agricultura de proximidad y el relevo generacional en el campo.

 

Lo que queda por decidir

El calendario europeo marca el rumbo de los próximos meses: la propuesta de la Comisión debe superar aún el debate y la votación en el Parlamento Europeo y el Consejo, con la previsión de que el nuevo marco financiero y la nueva PAC entren en vigor el 1 de enero de 2028, con una vigencia de siete años, hasta el 31 de diciembre de 2034. Hasta entonces, las actuales normas de la PAC 2023-2027 seguirán aplicándose, lo que significa que la patata continuará, de momento, sin acceso al régimen sectorial de frutas y hortalizas.

El resultado final de esta negociación —y en particular, si el sector patatero logra finalmente su inclusión en las intervenciones sectoriales— determinará en gran medida si la patata española puede revertir su tendencia de consumo a la baja y consolidarse como un cultivo competitivo, sostenible y con futuro dentro del campo español.

 

En FRUSANGAR seguimos de cerca la evolución de la política agraria europea porque entendemos que el futuro de la patata española se decide tanto en el campo como en Bruselas. Trabajamos junto a nuestros agricultores para anticiparnos a estos cambios y seguir ofreciendo un producto de calidad, trazable y comprometido con el territorio.

 

Para la redacción de este artículo se ha utilizado parcialmente IA.

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