Patata fresca online: información que ayuda a elegir

Una ficha de producto de patata fresca debe permitir que el consumidor identifique qué compra, en qué cantidad y para qué preparaciones puede utilizarlo. En un supermercado online, esa información necesita estar ordenada, ser comprensible y corresponderse con el producto que finalmente recibe. Para los responsables de compras de distribución alimentaria, el catálogo digital ofrece una oportunidad para trasladar al consumidor el trabajo de selección realizado con el proveedor. El formato, el origen y la orientación culinaria de cada referencia pueden explicarse con la misma atención que se dedica a su presentación en tienda. La clave no consiste en escribir más, sino en seleccionar mejor los datos. Una descripción breve, una fotografía representativa y unos atributos actualizados constituyen una base útil para comunicar el valor de la patata fresca sin recurrir a promesas genéricas. Qué debe resolver la ficha Antes de redactar, conviene plantear las preguntas que podría hacerse una persona que compra desde el móvil: ¿qué presentación estoy eligiendo?, ¿cuánta patata contiene?, ¿qué uso se recomienda?, ¿de dónde procede? La ficha debe ofrecer respuestas fáciles de localizar. También interesa separar dos funciones. Una es identificar y describir correctamente el alimento. Otra es aportar orientación práctica para cocinarlo y conservarlo. Ambas pueden convivir, siempre que la información comercial no desplace las menciones obligatorias ni atribuya al producto cualidades que no se han comprobado. El criterio de partida para compras puede formularse de forma sencilla: cada afirmación publicada debe tener una fuente responsable y un ámbito de aplicación claro. No es lo mismo un dato válido para toda una marca que una característica correspondiente a una referencia, una campaña o un lote. Un nombre que identifique El nombre visible debe ayudar a reconocer el producto antes de abrir la descripción completa. Para ello, conviene utilizar un orden homogéneo: marca, denominación o descripción de la referencia y cantidad. La orientación culinaria puede añadirse cuando esté validada y forme parte de su propuesta comercial. Una denominación comercial atractiva no sustituye a la identificación del alimento. Del mismo modo, palabras como «especial», «selección» o «premium» necesitan contexto si se pretende que aporten información, en lugar de funcionar únicamente como reclamo. La venta online de patatas también requiere distinguir referencias cercanas. Si dos presentaciones tienen pesos diferentes, esa diferencia debería resultar evidente en el título y en los atributos. El comprador no tendría que ampliar una fotografía para averiguar qué cantidad está seleccionando. Cantidad y precio claros La presentación comercial debe indicar si se compra una unidad envasada de peso fijo o una cantidad de producto de peso variable. Esta distinción ayuda a interpretar el precio y las condiciones del pedido. En un envase de peso fijo, la cantidad debe coincidir con la referencia seleccionada. En la venta de peso variable, conviene explicar cómo se solicita el producto, qué peso o intervalo se ofrece y cómo se determina el importe final, de acuerdo con las condiciones del servicio y la normativa aplicable. El precio por kilogramo debe tratarse con coherencia respecto al precio del formato y las promociones. Antes de publicar una oferta, compras y comercio electrónico deberían comprobar que las distintas pantallas presentan la misma referencia y que las condiciones se entienden también desde el móvil. No hace falta convertir la ficha en un documento técnico. Basta con evitar que el consumidor tenga que deducir qué está pagando y qué recibirá. Orientar el uso culinario La información culinaria de la patata permite conectar un atributo del producto con una necesidad concreta. Una persona puede buscar una guarnición para el horno, una patata para un guiso o una referencia seleccionada para freír. La ficha puede orientarla sin exigir conocimientos especializados. Para hacerlo con rigor, conviene utilizar las recomendaciones facilitadas y validadas por el proveedor para esa referencia. Una marca comercial no equivale necesariamente a una única variedad botánica, y una recomendación no debería trasladarse automáticamente a todos los productos de una misma familia. También es importante ajustar el lenguaje. «Uso recomendado: cocción y guisos» ofrece una indicación concreta cuando está respaldada. En cambio, «resultado perfecto con cualquier preparación» introduce una promesa absoluta que no explica las condiciones de uso. En FRUSANGAR, la oferta de productos distingue propuestas con diferentes aplicaciones culinarias. Ese conocimiento del producto constituye un punto de partida para que la distribución presente cada referencia con una orientación comprensible y coherente con sus características. Explicar bien el origen El origen de la patata fresca debe comunicarse con precisión. País de cultivo, zona de producción, lugar de envasado y domicilio del operador son conceptos distintos. Una dirección española en el envase no identifica, por sí sola, el país donde se cultivó el producto. Cuando una referencia incorpora un origen regional acreditado, este puede explicarse con datos concretos. Es el caso de La Chulapona, que FRUSANGAR presenta como una patata cultivada en la Comunidad de Madrid. Esa información corresponde a la referencia y no debe extenderse al resto de la gama por asociación. En los productos cuyo origen puede cambiar, conviene acordar cómo se mantendrá actualizada la información y cómo se presentarán las opciones de suministro cuando proceda. La comunicación debe ajustarse a las reglas aplicables y evitar que el texto o las imágenes sugieran un origen distinto del real. El objetivo editorial es sencillo: comunicar un atributo verificable, sin convertirlo automáticamente en una afirmación sobre frescura, superioridad o impacto ambiental. Cada una de esas cualidades necesita su propia justificación. Imágenes que representen el producto La fotografía de producto debería mostrar la presentación realmente comercializada. El tipo de envase, su diseño y el aspecto del contenido deben permitir reconocer la referencia. Una imagen de recurso puede ilustrar una receta, pero no debería confundirse con la fotografía de la unidad de venta. Para preparar el material, resulta útil diferenciar la imagen principal, una vista complementaria del envase y, cuando aporte valor, una fotografía de uso culinario. Cada una cumple una función distinta: identificar, ampliar información o inspirar una preparación. El archivo también necesita control de versiones. Si cambia la
Cómo evaluar nuevas referencias de patata en supermercados

Una nueva referencia de patata fresca puede aportar mucho más que una opción adicional en el lineal. Puede responder a una ocasión de consumo, facilitar una compra más ajustada a las necesidades del hogar o incorporar una propuesta culinaria diferenciada. Para el responsable de compras, la oportunidad consiste en identificar qué aporta esa incorporación al conjunto de la categoría. Evaluar nuevas referencias de patata implica analizar su aportación al surtido, no únicamente sus ventas individuales. La decisión debe considerar la necesidad que cubren, su encaje en cada tipo de tienda, la respuesta del comprador y su contribución comercial. Una prueba bien diseñada permite comparar resultados antes de ampliar su implantación. Este enfoque de gestión por categorías permite desarrollar la oferta de patata fresca con criterio: seleccionar propuestas relevantes, presentarlas adecuadamente y ampliar su presencia a partir de evidencias. El objetivo no es alcanzar un número determinado de referencias, sino construir una categoría atractiva, comprensible y adaptada al cliente de cada enseña. Definir qué aporta la incorporación Antes de negociar el espacio, conviene formular una pregunta concreta: ¿qué necesidad podrá resolver el comprador con esta referencia que no esté suficientemente cubierta en la oferta actual? La respuesta puede estar en el formato, el uso culinario, el origen o la combinación de varios atributos. Una presentación orientada a compras de reposición puede tener una función distinta de otra destinada al abastecimiento familiar. Del mismo modo, una patata seleccionada para una aplicación culinaria concreta puede complementar una oferta de uso general. Lo importante es expresar esa aportación desde la perspectiva del cliente. Añadir otro envase describe una modificación del catálogo; ofrecer una cantidad adecuada para una compra de consumo próximo describe una utilidad que después podrá comprobarse. Para iniciar la evaluación, el departamento de compras puede redactar una breve hipótesis de incorporación que especifique: La necesidad de compra o consumo que se quiere atender. El atributo del producto que responde a esa necesidad. Las tiendas y las ocasiones de compra para las que se plantea. El resultado que permitiría considerar positiva su incorporación. Esta ficha ofrece un punto de partida común para compras, calidad, operaciones y proveedor. También permite revisar los resultados con relación al objetivo original, en lugar de depender únicamente de las primeras ventas. Ventas y valor incremental Una referencia puede vender bien y, al mismo tiempo, compartir parte de su demanda con otras opciones del lineal. Por eso, el valor incremental es una dimensión importante de la evaluación. La incrementalidad expresa la parte de las ventas que se añade al conjunto analizado, frente a la que procede de trasladar compras entre referencias. En este artículo, el conjunto de referencia es la categoría de patata fresca de la cadena, no el consumo total de patata en España. Esta distinción permite interpretar correctamente los resultados. Si una enseña consigue que un cliente compre en sus establecimientos la patata que antes adquiría en otro comercio, aumenta las ventas de su categoría, aunque eso no demuestre un crecimiento del consumo nacional. También puede existir valor en una mejora del margen, una mayor recurrencia o una oferta más adecuada para un grupo de tiendas. Ninguno de esos efectos debe darse por supuesto: conviene definirlo antes de la prueba y medirlo después. La pregunta de compras pasa así de cuánto vende una bolsa a cómo evoluciona la categoría cuando esa bolsa está presente. Ambas respuestas son necesarias y complementarias. Comparar unidades equivalentes En la compra de patatas para supermercados, el formato introduce una particularidad relevante: vender más envases no equivale necesariamente a vender más producto. Si se comparan presentaciones de pesos distintos, el número de unidades debe acompañarse de los kilos vendidos. El análisis también necesita las ventas en euros y el margen comercial calculado con un criterio homogéneo. Indicador Qué permite observar Cómo interpretarlo Envases vendidos La salida de una presentación concreta Considerar el peso por envase Kilos vendidos El volumen físico comercializado Revisar la referencia y toda la categoría Ventas netas en euros La facturación de la oferta Separar los cambios de volumen, precio y mezcla de referencias Margen comercial en euros La aportación comercial antes de otros costes Aplicar el mismo criterio a las alternativas Tickets con patata fresca La presencia de la categoría en las compras Relacionar estos tickets con el total de operaciones Esta lectura conjunta ayuda a distinguir resultados diferentes. Una presentación puede facilitar compras más frecuentes, mientras otra concentra más kilos por operación. La conveniencia de cada una dependerá de la función asignada dentro del surtido de patatas. Tampoco conviene confundir entregas con venta efectiva. El sell-in recoge el producto suministrado al distribuidor; el sell-out refleja la venta al cliente final. Para estudiar la respuesta del comprador, esta segunda información es la referencia principal. Elegir las tiendas adecuadas Una cadena reúne establecimientos con tamaños, áreas de influencia y misiones de compra diferentes. Por ello, resulta recomendable evaluar la nueva propuesta en los entornos donde tenga sentido comercial. La agrupación de tiendas, o trabajo por clústeres, permite reunir establecimientos comparables. Puede considerar el formato de tienda, las ventas de la categoría, el peso de las compras de reposición, el espacio disponible o la respuesta histórica a determinadas presentaciones. El propósito no es convertir estas características en reglas rígidas. Un supermercado de proximidad no tiene por qué trabajar únicamente formatos pequeños, del mismo modo que una tienda de mayor superficie puede atender compras de consumo inmediato. Los datos deben confirmar el encaje. Para el comprador, esta perspectiva abre una posibilidad útil: una referencia no necesita funcionar igual en toda la red para aportar valor. Puede formar parte del surtido de un grupo de tiendas concreto, siempre que su aportación y su gestión resulten adecuadas. Diseñar una prueba útil La prueba piloto de surtido permite observar la respuesta del comprador antes de ampliar una incorporación. Para que sus resultados sean interpretables, conviene definir de antemano qué se probará y cómo se comparará. Establecer el punto de partida La evaluación necesita un periodo previo que permita
Patata fresca para la cocina actual
La forma de comprar, cocinar y disfrutar de los alimentos evoluciona. Buscamos productos de calidad, fáciles de preparar, versátiles y capaces de adaptarse a diferentes momentos de consumo. En este nuevo contexto, la patata fresca conserva todas las cualidades que la han convertido en un alimento esencial y demuestra, además, una extraordinaria capacidad para responder a las necesidades de la cocina actual. Pocos alimentos permiten preparar tantas recetas distintas a partir de un único ingrediente. La patata puede cocerse, asarse, freírse, guisarse, cocinarse al vapor o prepararse en el microondas. Puede ser el ingrediente principal de una elaboración, convertirse en una guarnición o aportar textura y consistencia a platos más complejos. Esta capacidad de adaptación explica por qué la patata fresca para la cocina actual continúa ocupando un lugar destacado tanto en los hogares como en la restauración, las colectividades y el canal Horeca. No es solamente un producto tradicional: es una materia prima plenamente vigente, compatible con estilos de vida muy diferentes y con las nuevas formas de organizar la alimentación. ¿Qué busca el consumidor actual? El consumidor valora cada vez más los alimentos que ofrecen una combinación equilibrada de calidad, practicidad y confianza. El origen, la seguridad alimentaria, la conservación, la información disponible y la facilidad de uso influyen en la elección de un producto. La patata fresca reúne muchas de estas características. Es un alimento conocido, accesible y fácil de integrar en la planificación semanal. También permite controlar completamente la preparación: el consumidor decide el corte, la cantidad, el método de cocinado, los condimentos y los ingredientes que la acompañan. Esa libertad constituye una de sus grandes fortalezas. Frente a productos diseñados para un único uso, una misma patata puede formar parte de una ensalada, una crema, un guiso, una tortilla, una guarnición al horno o una receta más elaborada. La versatilidad de la patata facilita también el aprovechamiento de los alimentos disponibles en casa. Puede combinarse con verduras, pescado, carne, huevos, legumbres o ingredientes vegetales. De esta manera, ayuda a crear menús variados sin necesidad de disponer de una despensa excesivamente compleja. Una solución práctica Hablar de producto fresco no significa hablar de preparaciones complicadas. La patata fresca puede adaptarse perfectamente a una cocina rápida y organizada. El microondas permite cocinar una patata en pocos minutos. La cocción al vapor requiere una preparación mínima y el horno puede utilizarse para elaborar varias raciones al mismo tiempo. También es posible cocer patatas con antelación y utilizarlas posteriormente en ensaladas, guarniciones o platos salteados, siempre que se enfríen y conserven correctamente. La elección del tamaño y del corte también ayuda a controlar el tiempo. Los dados pequeños se cocinan antes que una pieza entera; las rodajas finas permiten preparar guarniciones rápidas; y las patatas de tamaño reducido pueden asarse enteras con una preparación muy sencilla. La practicidad de la patata reside precisamente en esa capacidad para adaptarse. Puede dar respuesta a una comida improvisada, formar parte de una planificación semanal o convertirse en la base de una elaboración profesional. Una patata para cada receta No todas las patatas se comportan del mismo modo durante el cocinado. La variedad, el contenido de materia seca, la textura y otras características del tubérculo influyen en el resultado final. Algunas patatas mantienen mejor su estructura después de la cocción, una cualidad especialmente adecuada para ensaladas, guisos o preparaciones en las que interesa conservar las piezas enteras. Otras desarrollan una textura más harinosa, idónea para purés, cremas o determinadas elaboraciones al horno. También existen variedades especialmente apropiadas para freír, capaces de conseguir una textura crujiente en el exterior y agradable en el interior cuando se utilizan la temperatura y el procedimiento adecuados. Por eso, uno de los avances más relevantes en la comercialización de patatas de calidad consiste en orientar al consumidor sobre el uso recomendado. Una información sencilla en el envase puede ayudar a elegir mejor y a obtener resultados más satisfactorios en la cocina. Para FRUSANGAR, esta conexión entre el producto y su aplicación culinaria forma parte del servicio. No se trata únicamente de distribuir patatas, sino de seleccionar las referencias que mejor responden a las necesidades de cada cliente y cada canal. Calidad desde el origen La experiencia del consumidor comienza mucho antes de que la patata llegue a la cocina. El cultivo, la elección de la variedad, el momento de recolección, la selección, el almacenamiento, el envasado y la distribución influyen en su estado final. Por este motivo, la calidad de la patata fresca debe entenderse como el resultado de un trabajo coordinado a lo largo de toda la cadena. La regularidad, la firmeza, el calibre, el aspecto y la aptitud culinaria dependen de múltiples decisiones tomadas desde el campo hasta el punto de venta. FRUSANGAR trabaja con un sistema de control que abarca las diferentes fases de aprovisionamiento, selección, envasado y distribución. La compañía adapta sus soluciones a las necesidades de los clientes y mantiene la seguridad alimentaria, la frescura y la calidad como elementos centrales de su actividad. Esta forma de trabajar permite atender a perfiles diversos, desde cadenas de distribución hasta restaurantes, hoteles, empresas de catering y colectividades. Cada canal presenta necesidades específicas relacionadas con el calibre, el formato, la regularidad o el comportamiento culinario del producto. Como señala Juan Carlos Sánchez García, director general de FRUSANGAR: «La pasión, el esfuerzo y el amor incondicional por nuestra patata es la verdadera garantía de calidad y de confianza para nuestros clientes». Esta declaración resume una filosofía empresarial construida sobre el conocimiento del producto, la cercanía al campo y la atención constante a las expectativas del mercado. Confianza y trazabilidad El consumidor actual quiere saber más sobre los alimentos que incorpora a su cesta de la compra. El origen, los controles y la forma en que el producto ha llegado hasta el establecimiento adquieren una importancia creciente. La trazabilidad de la patata permite seguir cada lote a través de las diferentes etapas de la cadena. Para las empresas de distribución, restauración y
Cajas de patatas para hostelería: ventajas y usos
En una cocina profesional, cada detalle cuenta. Importa la calidad de la materia prima, pero también cómo se recibe, dónde se almacena, cómo se mueve hasta la zona de preparación y de qué manera se accede al producto durante el servicio. Una decisión aparentemente sencilla, como elegir entre patatas en caja o en saco, puede tener efectos diarios sobre el orden, el espacio disponible y la comodidad del equipo. Restaurantes, hoteles, empresas de catering, residencias, comedores escolares y otras colectividades trabajan con ritmos exigentes. En estos entornos, cualquier formato que simplifique tareas repetidas puede contribuir a una operativa más fluida. Por eso, en FRUSANGAR apostamos por un formato en caja para patatas pensado para adaptarse al funcionamiento real de la cocina profesional. La caja no cambia por sí sola la calidad de la patata ni sustituye los protocolos de seguridad alimentaria. Su ventaja está en otro lugar: proporciona una estructura regular, mantiene el producto contenido y facilita una organización más clara desde la recepción hasta el consumo. Bien integrada en los procedimientos del establecimiento, puede convertirse en una ayuda práctica para compras, almacén y cocina. ¿Qué ventajas ofrecen las cajas de patatas en hostelería? Las principales ventajas de las cajas de patatas para restauración son cuatro: ayudan a mantener el producto recogido, aprovechan mejor el espacio, facilitan el acceso durante la preparación y permiten controlar con mayor rapidez las existencias. A ellas se suman otros beneficios operativos, como una recepción más ordenada, una rotación de lotes más sencilla y una mejor estandarización del espacio destinado a materias primas. El valor del formato se aprecia en el uso cotidiano. Un saco abierto puede perder su forma, plegarse o requerir que el profesional recoloque su boca cada vez que necesita coger producto. Una caja, en cambio, conserva una geometría estable y permite asignarle una ubicación definida en el almacén o en la zona de preparación. Esta diferencia resulta especialmente relevante cuando se manejan varios pedidos, referencias o lotes a la vez. Una organización clara reduce búsquedas y movimientos innecesarios, dos cuestiones importantes en negocios donde el tiempo y el espacio son recursos limitados. ¿Las cajas son más higiénicas que los sacos? El formato en caja puede facilitar el orden y la limpieza, porque mantiene las patatas reunidas en un recipiente estable durante su utilización. Al conservar su forma una vez abierto, ayuda a evitar que el envase se cierre sobre sí mismo, se desplace con facilidad o deje el producto disperso por la zona de almacenaje. Conviene precisar qué significa aquí “más higiénico”. Ningún envase garantiza por sí solo la seguridad alimentaria. La higiene depende también del estado en que se recibe la mercancía, la limpieza de las instalaciones, la ubicación del producto, la ventilación, la rotación y la correcta manipulación por parte del equipo. La normativa europea exige que las materias primas se conserven en condiciones adecuadas, protegidas de la contaminación, y que los materiales de envasado no constituyan una fuente de contaminación. La ventaja práctica de la caja es que puede integrarse con facilidad en un sistema ordenado de almacenamiento. Permite mantener el producto contenido y delimitar visualmente su espacio, lo que simplifica la limpieza alrededor de la mercancía y la inspección del área. En todo caso, las cajas deben colocarse sobre estanterías, palés u otros soportes adecuados, nunca directamente sobre el suelo; la normativa aplicable a las comidas preparadas establece que las materias primas deben almacenarse evitando su contacto directo con este. Por tanto, es más riguroso afirmar que las cajas favorecen una gestión más limpia y ordenada que presentarlas como una garantía automática de higiene. El formato ayuda; el protocolo del establecimiento completa el trabajo. ¿Cómo optimizan el espacio de almacenaje? Una caja presenta unas dimensiones regulares y previsibles. Esto permite planificar cuántas unidades caben en una estantería, reservar una zona concreta para las patatas y mantener una distribución estable después de cada recepción. Frente al volumen cambiante de un saco, la caja conserva su forma tanto llena como durante buena parte de su uso. En un almacén pequeño, cada centímetro importa. Los sacos se adaptan al contenido, pero esa flexibilidad también puede generar volúmenes irregulares, huecos difíciles de aprovechar y apoyos menos uniformes. Las cajas para almacenar patatas crean líneas más claras y facilitan que el espacio se divida por productos, entregas o lotes. Esta regularidad también simplifica la planificación de compras. Si el responsable sabe qué número de cajas admite el espacio asignado, puede definir con mayor precisión el volumen de cada pedido y su frecuencia. Esto resulta útil para restaurantes con almacenes reducidos, cocinas de hotel con múltiples áreas de producción y colectividades que reciben mercancía para un número elevado de servicios. Optimizar el espacio no significa apilar sin límite. La altura, la estabilidad y la resistencia deben ajustarse al diseño real de la caja, a las indicaciones del proveedor y a las características de la estantería. Tampoco deben bloquearse las aberturas que permitan ventilar el producto. ¿Por qué resultan más cómodas durante el servicio? La comodidad en cocina se construye a partir de pequeñas acciones. Abrir un envase, acceder a una patata, comprobar cuánto producto queda o trasladar una unidad desde el almacén son gestos que pueden repetirse muchas veces a lo largo de la jornada. Una caja abierta mantiene una entrada estable al producto. El profesional no necesita sujetar, desplegar o recolocar la boca del saco en cada uso. Esto facilita coger las unidades necesarias y continuar con la preparación, especialmente en momentos de alta carga de trabajo. La forma regular también permite definir mejor dónde debe estar el producto. Cuando todo el equipo conoce su ubicación, se reducen las búsquedas y se favorece una dinámica más previsible. En una cocina profesional, la ventaja no reside en ahorrar unos segundos una sola vez, sino en simplificar una acción que se repite durante todos los turnos. La ergonomía real dependerá del peso de la caja, la altura de la estantería, el recorrido hasta la zona de preparación y los
El futuro de la patata se debate en Fruit Attraction
La cadena de valor de la patata afronta un reto compartido: lograr que la información circule mejor entre el campo, las empresas comercializadoras, la industria, la distribución, la restauración y el consumidor. Ese fue el eje central de “El valor de la cadena”, el debate organizado por Revista Campo y FRUSANGAR en Fruit Attraction 2026, en el que participó Juan Carlos Sánchez García, director general de FRUSANGAR. El encuentro reunió a profesionales de diferentes eslabones para analizar cómo mejorar la planificación, responder con mayor precisión a la demanda y generar una rentabilidad sostenible para todos. La conclusión fue clara: el futuro del sector no depende únicamente de producir más o vender más, sino de trabajar con más coordinación, previsión y conocimiento compartido. Para FRUSANGAR, esta conversación está directamente relacionada con su papel dentro del mercado. Como empresa situada entre el origen agrícola y los clientes profesionales, recibe información de ambos lados: conoce las necesidades del campo y, al mismo tiempo, escucha a compradores, distribuidores y restauradores. Convertir esa información en decisiones útiles es una de las claves para fortalecer el sector. La patata, protagonista en Fruit Attraction 2026 Fruit Attraction celebró su decimoctava edición del 6 al 8 de octubre de 2026 en IFEMA Madrid. La feria, organizada por IFEMA MADRID y FEPEX, reunió a la producción, la comercialización, la industria auxiliar, la logística, la tecnología y los servicios especializados del sector hortofrutícola. En esta edición, la patata fue elegida Producto Estrella de Fruit Attraction 2026. El objetivo era reforzar la visibilidad de un cultivo considerado estratégico por su aportación a la seguridad alimentaria y poner en valor su relevancia económica, social y nutricional. El programa específico comenzó el 5 de octubre con el I Simposio Internacional de la Patata, organizado por FEPEX en colaboración con Fruit Attraction y Europatat. Producción, comercio, industria e instituciones abordaron cuestiones relacionadas con el mercado, la sanidad vegetal, la innovación, el consumo y el futuro del cultivo en España y Europa. Dentro de este contexto, el debate impulsado por Revista Campo y FRUSANGAR permitió llevar la conversación a un terreno especialmente práctico: cómo conseguir que todos los eslabones de la cadena trabajen con objetivos más alineados. Un debate con toda la cadena “El valor de la cadena”, celebrado en el espacio de Banco Santander, reunió al productor y técnico Alfonso Alonso; a Juan Carlos Sánchez García, director general de FRUSANGAR; a Miguel Ángel Heras, jefe de Compras de Frutas y Verduras de Makro España; a Nicolás Benito, presidente de ASEACAM; y al chef Íñigo Urrechu, del restaurante Urrechu. La composición de la mesa permitió recorrer el trayecto completo de la patata. Desde quien decide qué plantar y asume el riesgo de la campaña hasta quien selecciona, acondiciona, distribuye, compra o transforma el producto en una cocina profesional. Cada participante aportó una perspectiva distinta, pero los mensajes coincidieron en varios puntos: La información debe viajar en las dos direcciones de la cadena. La producción necesita mayor previsión y estabilidad. El mercado debe conocer mejor la realidad del campo. La demanda del consumidor tiene que trasladarse hasta el origen. La innovación solo aporta valor si responde a necesidades reales. La rentabilidad debe alcanzar a todos los eslabones. La patata debe valorarse más allá de una comparación puntual de precios. Estos principios resultan especialmente relevantes en un producto agrícola expuesto a la meteorología, la disponibilidad de agua, la evolución de los costes, las diferencias de calibre y calidad, la capacidad de almacenamiento y las oscilaciones del consumo. ¿Qué es la cadena de valor de la patata? La cadena de valor de la patata es el conjunto de profesionales, empresas, operaciones y decisiones que hacen posible que un tubérculo cultivado en una parcela llegue al consumidor con la calidad, la seguridad y el formato adecuados. No se trata únicamente de una sucesión logística. Cada eslabón transforma o completa el valor del producto: El agricultor elige la variedad, prepara el suelo, planta, riega, protege y cosecha. La empresa comercializadora conecta la disponibilidad agrícola con las necesidades del mercado. La industria selecciona, clasifica, acondiciona, envasa o transforma. La logística conserva el producto y garantiza que llegue a tiempo. La distribución adapta surtidos, cantidades y formatos a cada canal. La restauración convierte la patata en una experiencia gastronómica y detecta cambios en las preferencias. El consumidor valida finalmente la cadena con su decisión de compra. Cuando estos actores trabajan de forma aislada, aumenta el riesgo de producir variedades, volúmenes o calibres que no coincidan con la demanda. También se dificulta anticipar campañas promocionales, necesidades de la hostelería, cambios en los formatos o tensiones de suministro. Por el contrario, una cadena agroalimentaria coordinada puede planificar mejor, reducir ineficiencias y reaccionar antes ante los cambios del mercado. La participación de Juan Carlos Sánchez García La intervención de Juan Carlos Sánchez García, director general de FRUSANGAR, situó la sostenibilidad económica del productor en el centro del debate. Su mensaje resumió una de las grandes preocupaciones de la cadena: “Si no hay sostenibilidad, no hay futuro”. Esta sostenibilidad no se limita al impacto ambiental. También implica que cultivar patatas resulte económicamente viable, que el agricultor disponga de mayor certidumbre y que pueda recibir una recompensa proporcionada al trabajo, los costes y los riesgos asumidos. La producción agrícola comienza mucho antes de la cosecha. El agricultor debe decidir qué parcela utilizar, qué variedad plantar, qué superficie dedicar al cultivo y qué recursos necesitará durante la campaña. Muchas de esas decisiones se toman sin conocer todavía con exactitud cómo evolucionarán la demanda, la meteorología o el mercado. Por eso, Sánchez García defendió la importancia de ofrecer al productor mejores condiciones de planificación. Saber qué se va a sembrar, para qué mercado y con qué expectativas permite reducir incertidumbre y construir relaciones más estables. Su participación también destacó la responsabilidad de la industria y de las empresas comercializadoras. Estos eslabones no deben limitarse a comprar y vender: pueden aportar valor mediante I+D+i, trazabilidad, selección, control de calidad y mejora continua de los procesos.
El precio de la patata sube en origen en septiembre 2026
El precio de la patata en origen cambió de tendencia al comienzo de septiembre de 2026. El Informe Semanal de Coyuntura del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación registró una subida del 5,91% entre las semanas 35 y 36. El movimiento continuó la semana siguiente, cuando el valor medio pasó de 32,39 a 35,91 euros por cada 100 kilos, un 10,87% más, y se moderó entre el 14 y el 20 de septiembre con un avance adicional del 0,53%, hasta 36,10 euros por cada 100 kilos. Estos datos apuntan a una recuperación del mercado en origen, pero no significan que todos los agricultores vendieran a ese precio, que la subida se trasladara inmediatamente al supermercado o que la diferencia entre campo y lineal fuese un beneficio directo para un único operador. Para comprender cómo se forma el precio de la patata, hay que seguir el producto desde la parcela hasta el punto de venta y distinguir costes, servicios, mermas, formatos y momentos comerciales. Septiembre deja, por tanto, dos señales. La primera es que el mercado reaccionó después de una etapa de debilidad. La segunda es que una variación semanal, por intensa que parezca, no basta para determinar la rentabilidad del productor ni anticipar cuánto pagará el consumidor. ¿Qué ocurrió con el precio en septiembre? El cambio no se limitó a una única semana. Entre finales de agosto y mediados de septiembre, el indicador del MAPA encadenó tres movimientos positivos: Entre las semanas 35 y 36, el precio medio en origen de la patata aumentó un 5,91%. Entre las semanas 36 y 37, pasó de 32,39 a 35,91 euros por cada 100 kilos, una subida del 10,87%. Entre las semanas 37 y 38, avanzó de 35,91 a 36,10 euros por cada 100 kilos, un 0,53%. La secuencia muestra una recuperación fuerte al principio y una clara moderación posterior. Es decir, septiembre no dibujó una escalada lineal, sino un reajuste rápido seguido de una fase de mayor estabilidad. El boletín semanal de frutas y hortalizas del MAPA añadió contexto: en la semana 37, pese a encadenar dos semanas al alza, la patata todavía cotizaba un 14,4% por debajo del precio medio de esa misma semana en las cinco campañas anteriores. En la semana 38, la diferencia respecto a la referencia histórica era aún mayor, del 20,2%, según la serie publicada para ese periodo. Esto resulta fundamental para interpretar el dato. Un porcentaje semanal elevado puede partir de una base deprimida. Subir un 10,87% después de una etapa de precios bajos no equivale necesariamente a alcanzar un nivel extraordinario ni a recuperar todos los costes acumulados durante la campaña. ¿Por qué sube la patata en origen? El precio agrícola responde a la relación entre la cantidad disponible, la calidad de las partidas, la demanda y la urgencia comercial de cada momento. En septiembre confluyeron varios factores que pueden explicar el cambio de dirección. Menor presión de oferta Durante los periodos de recolección intensa, la llegada simultánea de grandes volúmenes puede presionar el mercado. La patata no sale toda con el mismo destino ni dispone siempre de capacidad inmediata de almacenamiento. Cuando muchos productores necesitan vender a la vez, aumenta el poder de la oferta disponible y los precios pueden debilitarse. A medida que avanza la campaña, el flujo cambia. Parte de la producción se comercializa, otra entra en conservación y las operaciones empiezan a depender más del equilibrio entre existencias, calidad y demanda. Una menor presión de salida puede favorecer una recuperación de las cotizaciones. Menor cosecha disponible ASONAL estimó para 2026 una producción española cercana a 1,8 millones de toneladas, un 7,69% inferior a los 1,95 millones de 2025. La asociación señaló la falta de precipitaciones como principal causa, con descensos especialmente intensos en Andalucía y reducciones también importantes en Castilla y León, Galicia y País Vasco. Una cosecha más corta reduce el colchón de oferta. Sin embargo, su efecto sobre el precio no es automático: depende de cuándo llega el producto, qué calibre tiene, cuánto puede almacenarse y qué necesidades presentan los compradores. Calibres y calidad comercial No todos los kilos tienen el mismo valor. Una campaña afectada por calor o estrés hídrico puede producir una mayor proporción de tubérculos pequeños, irregulares o con menor aptitud para determinados usos. Si escasean los calibres demandados por el mercado, su precio puede evolucionar de forma distinta al promedio general. El indicador medio sirve para observar una tendencia, pero no representa cada variedad, zona, calibre, formato o contrato. La propia información semanal del MAPA muestra diferencias territoriales: en la semana 38 se registraron, por ejemplo, variaciones distintas en Burgos, Ciudad Real, Orense y Segovia. El contexto europeo España no funciona como un mercado aislado. Francia, Bélgica, Alemania y Países Bajos influyen en el abastecimiento, la industria y los movimientos comerciales. Para 2026, la NEPG estimó una producción conjunta de patata de consumo un 25,4% inferior a la de 2025, debido a la reducción de superficie, el calor y la sequía. Una menor disponibilidad europea puede limitar la entrada de producto a precios bajos y reforzar las cotizaciones en determinados momentos. Aun así, la influencia exterior depende del calendario, el coste del transporte, la calidad y los contratos previamente cerrados. Qué significa realmente “precio en origen” El precio en origen de la patata es una referencia de la primera fase comercial, antes de que el producto recorra todas las operaciones necesarias para llegar al consumidor. No es el precio final del supermercado y tampoco debe interpretarse automáticamente como el ingreso neto que queda en el bolsillo del agricultor. El MAPA publica diferentes sistemas de información. El Informe Semanal de Coyuntura permite seguir la evolución de los precios agrarios, mientras que el Sistema de Información de Precios en Origen-Mayorista observa semanalmente 34 productos alimentarios en dos niveles comerciales: origen y mayorista. Cada dato debe leerse con su metodología, especificación y posición comercial. El valor medio puede agrupar operaciones, zonas o características concretas y no refleja necesariamente los descuentos,
¿Por qué baja la cosecha mientras suben los costes de producción?
La cosecha de patata en España puede disminuir al mismo tiempo que aumentan los costes porque producir más caro no garantiza obtener más kilos. En 2026 han coincidido una menor disponibilidad de agua, episodios de calor, rendimientos más bajos y una reducción de la superficie en determinadas categorías, mientras el agricultor sigue pagando por semilla, riego, energía, fertilizantes, fitosanitarios, maquinaria, combustible, tierra y mano de obra. El resultado es una ecuación difícil: menos producto comercializable para repartir unos gastos elevados. ASONAL, integrada en FEPEX, estima que España producirá alrededor de 1,8 millones de toneladas de patata en 2026, frente a los 1,95 millones de 2025. La diferencia equivale a una caída aproximada del 7,69% y sitúa a la campaña entre las más cortas de los últimos años. Este retroceso no se distribuye de manera uniforme. Según las estimaciones sectoriales, Andalucía habría registrado una disminución de entre el 30% y el 35%, mientras que en Castilla y León, Galicia y País Vasco los descensos se situarían entre el 10% y el 15%. Detrás de esas cifras aparece una realidad que afecta a toda la cadena: cuando baja el rendimiento, cada kilo soporta una parte mayor del coste de la explotación. Cuánto cuesta producir un kilo de patata Un estudio elaborado por la Universidad de Valladolid, tomando como referencia la campaña de 2025 en Castilla y León, calculó que producir patata de regadío costaba de media 0,18 euros por kilo, equivalentes a 179,30 euros por tonelada. El cálculo partía de un coste medio de 8.023 euros por hectárea y de un rendimiento esperado de 44,7 toneladas por hectárea. No existe, sin embargo, un coste idéntico para todas las explotaciones. El mismo estudio reflejó diferencias provinciales importantes: desde 6.899 euros por hectárea en Palencia hasta 8.832 euros en Segovia y 8.735 euros en Ávila. La disponibilidad de agua, el precio del arrendamiento, la maquinaria utilizada, la distancia a la parcela, el tipo de suelo, la variedad y el rendimiento final modifican la cuenta. El dato de 0,18 euros pertenece a la campaña de 2025. Representantes del sector han advertido de que el incremento posterior de varios insumos podría acercar el coste efectivo de 2026 a 0,20 euros por kilo. No es una cifra oficial cerrada para todas las explotaciones, sino una estimación que ayuda a entender la presión acumulada. En otras palabras, el coste por kilo depende de dos elementos: cuánto se gasta por hectárea y cuántos kilos se recogen. Si una explotación mantiene un gasto cercano a 8.000 euros por hectárea, pero el calor y la falta de agua reducen la producción, cada patata obtenida sale más cara. Por qué disminuye la cosecha de patata La caída no responde a una única causa. Es el resultado de varios factores que se refuerzan entre sí: menos agua disponible, temperaturas elevadas, menor superficie sembrada en determinadas campañas, calibres más pequeños y decisiones empresariales condicionadas por la rentabilidad del año anterior. La falta de lluvia reduce el rendimiento La patata necesita disponer de agua en momentos concretos de su ciclo, especialmente durante la formación y el engorde de los tubérculos. Cuando el suelo no mantiene la humedad necesaria, la planta limita su actividad y dirige sus recursos a sobrevivir. Esto puede traducirse en menos tubérculos, piezas más pequeñas o una parada prematura del crecimiento. ASONAL atribuye la reducción española de 2026 principalmente a la escasez de precipitaciones. El impacto habría sido especialmente intenso en las zonas de patata temprana del sur, donde la campaña se acortó de forma notable. Tener riego no elimina por completo el problema. El agua puede ser más cara, estar limitada o no llegar en el momento óptimo. Además, cuando las temperaturas son muy altas, parte se pierde por evaporación y la planta sufre estrés aunque la parcela reciba aportes adicionales. El calor frena el engorde La patata es sensible a las temperaturas elevadas durante la tuberización, el proceso mediante el que la planta forma y desarrolla los tubérculos. Un periodo prolongado de calor puede acortar esta fase, elevar las necesidades de riego y reducir tanto el rendimiento como el calibre. En el noroeste europeo, el calor y la sequía de julio y agosto afectaron al desarrollo incluso en zonas regadas. La NEPG estima un rendimiento medio de 40,5 toneladas por hectárea en Bélgica, Alemania, Francia y Países Bajos, frente a 47 toneladas en 2025 y 44,7 toneladas de media durante los cinco años anteriores. Aunque los datos europeos no pueden trasladarse automáticamente a España, muestran que se trata de un problema compartido. La combinación de altas temperaturas y déficit hídrico está reduciendo el potencial productivo en buena parte de las principales regiones patateras del continente. También se cultivan menos hectáreas La producción total depende del rendimiento por hectárea, pero también de cuántas hectáreas se siembran. Los avances del Ministerio de Agricultura publicados en 2026 estimaban un descenso del 3,2% en la superficie española total de patata. Dentro de ese conjunto, la superficie de media estación caía un 3,3% y la tardía un 7,1%, mientras la extratemprana aumentaba y la temprana permanecía prácticamente estable. Castilla y León afrontó la campaña con unas 16.600 hectáreas sembradas, según información sectorial publicada en agosto, frente a las 19.500 hectáreas que sirvieron como referencia al estudio de costes de la campaña anterior. Las cifras pertenecen a momentos y fuentes diferentes, pero apuntan a una reducción relevante de la superficie en la principal comunidad productora. ¿Por qué un agricultor decide sembrar menos? Porque la patata exige una inversión elevada antes de saber cuál será el rendimiento y el precio de venta. Después de una campaña con exceso de oferta o precios débiles, reducir superficie puede ser una forma de limitar el riesgo financiero. Por qué suben los costes de producción Los costes de producción de la patata no se limitan a la semilla y al combustible de la cosechadora. Incluyen el arrendamiento o coste de oportunidad de la tierra, preparación del terreno, semilla, fertilización, protección fitosanitaria, agua, electricidad, gasóleo, maquinaria, reparaciones, amortizaciones,
La tecnología que examina cada patata antes de almacenarla
Nada más salir de la tierra, una partida de patatas puede contener mucho más que tubérculos aptos para su conservación. Entre el producto pueden viajar piedras, terrones, restos vegetales, patatas verdes, piezas golpeadas o ejemplares que empiezan a deteriorarse. Si todo entra en el almacén sin una revisión eficaz, aquello que parecía una cosecha abundante puede convertirse en un problema de calidad, conservación y costes. La respuesta de la industria es la preselección óptica de patatas, una tecnología que combina cámaras industriales, sensores de infrarrojo cercano e inteligencia artificial para examinar el flujo de producto antes de almacenarlo. Su función no consiste únicamente en separar patatas bonitas de patatas defectuosas. El objetivo es decidir qué conviene guardar, retirar materiales extraños y reducir riesgos antes de que la mercancía permanezca durante semanas o meses en conservación. ¿Qué es la preselección de patatas? La preselección de patatas es el control que se realiza al comienzo de la línea, normalmente después de la cosecha y de la retirada mecánica de buena parte de la tierra. A diferencia de la clasificación comercial final, no pretende formar todavía bolsas uniformes por calibre o apariencia. Su prioridad es sanear el flujo antes de que llegue al almacén o a una clasificadora más precisa. Esta distinción resulta importante. En la clasificación final se valoran atributos como el tamaño, la forma, el color o la categoría comercial. En la preselección se buscan sobre todo piedras, terrones, restos de cosecha, podredumbres, patatas verdes, daños acusados y piezas de tamaño claramente inadecuado. Algunos sistemas también detectan objetos excepcionalmente grandes y detienen la línea para que puedan retirarse con seguridad. Las patatas destinadas al almacenamiento deben estar maduras y libres de daños visibles o podredumbres. Los tubérculos verdes, deteriorados o gravemente dañados durante la cosecha o por plagas deben separarse, mientras que las piezas con daños menores pueden reservarse para un uso inmediato. La tecnología actual automatiza y hace más constante una decisión que antes dependía casi por completo de la inspección visual de varias personas. ¿Por qué hay que examinar cada patata antes de guardarla? Almacenar no corrige los defectos de una partida; puede amplificarlos. Un tubérculo podrido que entra en conservación puede actuar como foco de contaminación, transmitir bacterias por contacto, generar calor y favorecer condensaciones sobre las patatas próximas. Los terrones y las piedras, además de ocupar espacio, aumentan el riesgo de golpes y dificultan el manejo del producto. La tierra acumulada también puede limitar el movimiento del aire entre los tubérculos. Una ventilación deficiente retrasa el secado y crea condiciones favorables para el desarrollo bacteriano. Por eso, retirar materiales extraños antes del almacenamiento mejora la homogeneidad del lote y facilita la posterior gestión de la temperatura, la humedad y la ventilación. El control temprano cumple así una función preventiva. Cuanto antes se separe una patata claramente deteriorada, menos tiempo tendrá para comprometer el resto de la partida. La misma lógica se aplica a una piedra o un terrón: retirarlos a la entrada evita que recorran cintas, elevadores y equipos posteriores, donde podrían provocar interrupciones o desgaste. Cómo funciona la selección óptica El proceso empieza cuando las patatas avanzan sobre una cinta transportadora y pasan por una zona de inspección. Allí, cámaras industriales capturan imágenes de cada objeto. En algunos equipos, la posición de las cámaras y la estabilidad del producto permiten obtener varias vistas; en otros, la inspección se realiza mientras las patatas pasan por el aire, lo que facilita observar una mayor parte de su superficie. La iluminación no es un detalle menor. Las máquinas emplean luz LED controlada para evitar sombras, reflejos o cambios ambientales que puedan confundir el análisis. De este modo, el sistema recibe imágenes comparables aunque la línea funcione durante horas y las condiciones exteriores cambien. A continuación entra en juego la visión artificial. El programa analiza color, contorno, tamaño, textura y otras características de cada elemento. Los modelos de inteligencia artificial para patatas se entrenan con grandes colecciones de imágenes reales para aprender a diferenciar un tubérculo correcto de una piedra, un terrón o una patata con defectos determinados. En uno de los sistemas más recientes, el modelo fue entrenado con más de 100.000 imágenes y puede reconocer cuerpos extraños y siete tipos de defectos, entre ellos podredumbre, grietas y daños de gusano de alambre. Su fabricante informa de una precisión aproximada del 95 % y de capacidades de hasta diez toneladas por hora en el modelo de mayor tamaño. Estas cifras deben entenderse como prestaciones declaradas por la empresa y dependientes de la configuración y las condiciones de trabajo. Cuando el software decide que un objeto debe salir del flujo, transmite la orden al mecanismo de expulsión. Según el diseño, pueden intervenir dedos mecánicos o chorros de aire. El reto es apartar la pieza rechazada sin arrastrar patatas válidas y sin producir golpes que creen un nuevo defecto. Qué aporta el infrarrojo cercano Una cámara convencional trabaja con la luz visible, es decir, con información parecida a la que percibe el ojo humano. Sin embargo, una patata cubierta de tierra puede tener un color muy próximo al de un terrón. Para resolver este tipo de situaciones se utiliza el infrarrojo cercano, conocido por las siglas NIR. La tecnología NIR analiza la respuesta de los materiales a longitudes de onda situadas más allá del espectro visible. Esa información ayuda a diferenciar materia orgánica —como la patata— de materia inorgánica —como una piedra— incluso cuando su aspecto externo resulta engañoso. También permite revelar ciertos contrastes y cambios de composición que una imagen RGB normal no muestra con claridad. Los sistemas multispectrales combinan información visible e infrarroja. Gracias a esa suma de señales pueden clasificar por material, color, forma o defecto y mejorar la identificación de cuerpos extraños. Algunas configuraciones infrarrojas más avanzadas permiten incluso estudiar propiedades internas o diferencias relacionadas con agua, aceite y otras características químicas; no obstante, la capacidad concreta depende del sensor, la aplicación y la profundidad que pueda examinarse. Conviene no presentar estas
FRUSANGAR en Fruit Attraction 2026
Fruit Attraction, la feria internacional del sector hortofrutícola, celebrará su decimoctava edición del 6 al 8 de octubre de 2026 en IFEMA MADRID, y FRUSANGAR estará presente con un stand propio en el Pabellón 3, número 3B00B. Se trata de una cita ineludible para cualquier profesional del sector agroalimentario que quiera conocer de primera mano las últimas tendencias, innovaciones y oportunidades de negocio en torno a frutas y hortalizas. Qué es Fruit Attraction y por qué importa Fruit Attraction es la feria líder del sector de frutas y hortalizas a nivel mundial, organizada conjuntamente por IFEMA MADRID y FEPEX (Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas Vivas). En su última edición, el evento reunió a más de 117.000 visitantes profesionales, 2.200 expositores y representantes de más de 100 países, consolidándose como el principal punto de encuentro internacional para toda la cadena de valor hortofrutícola. Para la edición de 2026, la feria ocupará una superficie superior a los 78.000 metros cuadrados, distribuidos en diez pabellones del recinto ferial de IFEMA Madrid, con la participación prevista de más de 2.400 empresas expositoras. Estas cifras confirman que Fruit Attraction no es simplemente un escaparate comercial, sino un auténtico termómetro de las tendencias que marcarán el futuro del sector agrícola en los próximos años. Fechas y horarios de la feria El evento se desarrollará durante tres jornadas exclusivamente profesionales, del martes 6 al jueves 8 de octubre de 2026. El horario de apertura será de 9:30 a 19:00 horas los dos primeros días, mientras que la última jornada, el jueves 8 de octubre, el recinto cerrará sus puertas a las 16:00 horas. Esta organización horaria permite a los visitantes profesionales planificar con antelación su recorrido por los distintos pabellones, especialmente teniendo en cuenta la magnitud del recinto y la enorme cantidad de expositores presentes en cada edición. FRUSANGAR: cita en el Pabellón 3, stand 3B00B Este año, FRUSANGAR estará presente en Fruit Attraction con un stand propio ubicado en el Pabellón 3, concretamente en el espacio identificado como 3B00B. Se trata de una oportunidad única para que clientes, distribuidores, responsables de compras y profesionales del sector conozcan de cerca la gama completa de productos de la compañía, incluyendo la reconocida patatas La Chulapona, además de las líneas Patatas del Pueblo, Fripat y Papa Reina. El Pabellón 3 forma parte del conjunto de espacios que Fruit Attraction ocupa en el recinto ferial de IFEMA Madrid, situado en la Avenida del Partenón, 5, dentro del complejo de pabellones número 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 12 y 14 habilitados para esta edición. Visitar el stand de FRUSANGAR en el Pabellón 3 es la ocasión perfecta para conocer de primera mano el compromiso de la empresa con la calidad, la trazabilidad y la sostenibilidad en la distribución de patatas. Qué encontrar en la feria: innovación y tendencias del sector Fruit Attraction se ha consolidado como el escaparate perfecto para descubrir las novedades del sector hortofrutícola, desde nuevas variedades de producto hasta soluciones tecnológicas aplicadas a toda la cadena de valor, pasando por formatos innovadores de packaging y tendencias de consumo emergentes. La feria reúne bajo un mismo techo a productores, distribuidores, retailers y representantes de la restauración organizada, generando un espacio de networking sin igual dentro del sector agroalimentario español e internacional. Además del área comercial, el evento incluye contenido especializado y actividades paralelas centradas en las principales tendencias que marcarán el futuro del mercado, desde la sostenibilidad y la digitalización hasta la innovación en variedades y procesos productivos. Para una empresa como FRUSANGAR, con más de tres décadas de experiencia en la distribución de patatas de calidad, participar en este foro es una oportunidad estratégica para conectar con clientes actuales, generar nuevas oportunidades comerciales y mantenerse a la vanguardia de las tendencias del sector. Cómo llegar a IFEMA Madrid Para quienes planeen visitar el stand de FRUSANGAR durante Fruit Attraction 2026, IFEMA MADRID ofrece diversas opciones de acceso al recinto ferial, facilitando la llegada tanto en transporte público como en vehículo propio. En metro, la estación de referencia es Feria de Madrid, en la Línea 8, con acceso directo por la zona Sur del recinto. También existen líneas de autobús (73, 112, 122 y 828) que conectan con distintos puntos de la ciudad, además de paradas de taxi habilitadas tanto en la Puerta Sur como en la Puerta Norte. Quienes prefieran acudir en coche pueden acceder a través de la M-40 (salidas 5 a 7), la M-11 (salidas 5 y 7) o la A-2 (salida 7). Una feria pensada para hacer negocio Más allá de las cifras y la logística, Fruit Attraction destaca por ser un evento 100% profesional, diseñado específicamente para generar oportunidades reales de negocio dentro del sector. La organización ha confirmado que la edición de 2026 avanza con una ocupación superior al 90% de los espacios disponibles, lo que confirma el interés creciente que despierta esta cita entre las empresas del sector hortofrutícola de todo el mundo. Para FRUSANGAR, estar presente un año más en esta feria de referencia reafirma su compromiso con la innovación, la calidad y el crecimiento sostenido dentro del sector de distribución de patatas, tanto a nivel nacional como internacional. Una cita que no debes perderte Si trabajas en el sector hortofrutícola, ya seas distribuidor, responsable de compras de una cadena de alimentación, profesional de la restauración o simplemente estás interesado en las últimas tendencias del campo agrícola español, Fruit Attraction 2026 es una cita que no puedes dejar pasar. Del 6 al 8 de octubre, en IFEMA Madrid, el sector se cita de nuevo para hacer negocio, compartir conocimiento y descubrir hacia dónde se dirige el futuro de la alimentación. Te esperamos en el Pabellón 3, stand 3B00B, donde estaremos encantados de mostrarte todo lo que FRUSANGAR tiene preparado para esta nueva edición.
LA CHULAPONA de FRUSANGAR, presente en la II Cata Nacional de Patata
El pasado viernes 4 de septiembre se celebró en Xinzo de Limia (Ourense) la II Cata-Concurso Nacional de Patata, organizada por la Asociación de Pueblos Productores de Patata como antesala de la feria Alimagro. En esta segunda edición, LA CHULAPONA, presentada por FRUSANGAR en representación de Villamanrique de Tajo (Madrid), se situó entre las variedades del certamen. Un certamen que reunió a los principales territorios productores El evento, celebrado a las 19:00 horas, congregó a nueve variedades procedentes de distintas zonas productoras de España, entre ellas Sanlúcar de Barrameda, Cartagena, Medina del Campo, Coristanco, Xinzo de Limia, La Rinconada, Teguise, Teror y Vilar del Barrio. Villamanrique de Tajo participó este año como Pueblo Productor Invitado, junto a la Comunidad Autónoma del País Vasco, ampliando así la representación territorial del concurso. La cata se desarrolló bajo un formato ágil y participativo: las variedades se presentaron de forma anónima, sin orden previo, para que los catadores pudieran valorarlas sin conocer su procedencia. La degustación incluyó tres elaboraciones —patata frita, patata cocida y tortilla de patata— servidas en pequeñas porciones, con el objetivo de premiar tanto a la mejor patata en términos generales como a las variedades más destacadas para fritura y cocción. LA CHULAPONA, destaca por su textura y versatilidad Durante la valoración, LA CHULAPONA obtuvo buenas notas, gracias a su textura suave, su piel fina y una organoléptica que la convierte en una patata extremadamente versátil, apta para cualquier tipo de cocinado. Estas cualidades permitieron que la variedad representada por Villamanrique de Tajo destacara entre los pueblos productores invitados, confirmando el buen nivel mostrado ya en la primera edición del certamen. El alcalde de Xinzo de Limia y presidente de la Asociación de Pueblos Productores de Patata, Amador Díaz, ha destacado la importancia de esta cita como “un punto de encuentro de variedades que engloban todo el territorio nacional” y ha señalado que, aunque “el premio solo se lo puede llevar una única patata, todas las variedades son ganadoras”. Las declaraciones de FRUSANGAR y Revista Campo Juan Carlos Sánchez, director general de FRUSANGAR, destacó el valor de participar en certámenes de este tipo para dar visibilidad al producto: «Eventos como la Cata Nacional de Patata son fundamentales para acercar al consumidor la calidad y la diversidad de nuestras variedades. Que LA CHULAPONA haya obtenido unas valoraciones tan altas es un reconocimiento al trabajo de todo nuestro equipo y a la riqueza de la tierra de Villamanrique de Tajo». Por su parte, Máximo Gómez, director de Revista Campo, puso el foco en el papel que juegan estas iniciativas para el sector agroalimentario: «La Cata Nacional de Patata demuestra que la unión entre pueblos productores y empresas como FRUSANGAR es la mejor manera de dar visibilidad a un cultivo tan estratégico. El buen resultado de LA CHULAPONA confirma que la calidad de la patata española sigue creciendo edición tras edición». Una cita consolidada como antesala de Alimagro La II Cata Nacional de Patata volvió a celebrarse como preludio de Alimagro, que tuvo lugar en Xinzo de Limia los días 5 y 6 de septiembre. El certamen, organizado por la Asociación de Pueblos Productores de Patata, contó con la colaboración de Coren, el Concello de Xinzo de Limia y Revista Campo. Con esta segunda edición, el evento reafirmó su objetivo de poner en valor la diversidad varietal de la patata española y reforzar los vínculos entre los distintos territorios productores, entre los que Villamanrique de Tajo y FRUSANGAR, con LA CHULAPONA, dejaron constancia de su buen hacer.