FRUSANGAR obtiene el Certificado CIEGE: símbolo de excelencia en la gestión alimentaria

En un contexto de transformación profunda y desafíos constantes para el sector empresarial español, las certificaciones de excelencia en gestión se han convertido en un verdadero distintivo de confianza y profesionalidad. FRUSANGAR, empresa familiar madrileña especializada en la distribución de patatas, ha alcanzado en 2025 uno de los reconocimientos más prestigiosos que puede obtener una compañía: el Certificado CIEGE a la Gestión Excelente, otorgado por Informa D&B y elEconomista. Este logro no es meramente una distinción empresarial más en el currículum de la compañía, sino una confirmación tangible de su compromiso inquebrantable con la excelencia en la gestión, la calidad y la seguridad alimentaria, valores que trascienden las meras métricas financieras para impactar directamente en la confianza que depositan sus clientes, proveedores y colaboradores en la empresa. El reconocimiento que ha obtenido FRUSANGAR en 2025 reviste una importancia especial cuando se analiza el panorama actual del sector de la distribución alimentaria en España. Los empresarios de esta rama enfrentan una coyuntura compleja, caracterizada por presiones inflacionarias, una carga normativa creciente y la necesidad imperativa de alinearse con objetivos de sostenibilidad medioambiental. En este escenario, la obtención del CIEGE por parte de FRUSANGAR no solo consolida su posicionamiento en el mercado, sino que también proyecta una imagen de solidez empresarial que beneficia a toda la industria de la distribución alimentaria española.   ¿Qué es el Certificado CIEGE y por qué representa un hito relevante? Para comprender la magnitud del logro de FRUSANGAR, resulta esencial conocer qué es exactamente el CIEGE —Certificado Informa elEconomista a la Gestión Excelente— y cuál es su propósito en el tejido empresarial ibérico. Se trata de una certificación de alcance nacional avalada por dos instituciones de referencia en España: Informa D&B, organización líder en suministro de información comercial, financiera, sectorial y de marketing, e elEconomista.es, el periódico económico de mayor prestigio en lengua hispana. El CIEGE no evalúa exclusivamente indicadores financieros tradicionales ni se limita a auditar procedimientos operativos. Por el contrario, el proceso de certificación analiza exhaustivamente más de cincuenta indicadores clave de gestión empresarial, abarcando una gama extraordinariamente amplia de áreas estratégicas. Entre ellas figuran la solvencia y la rentabilidad de la empresa, su crecimiento sostenido, la política de empleo y capital humano, la capacidad de internacionalización, la responsabilidad social corporativa, el grado de satisfacción de clientes, la apuesta por la innovación, la gestión del riesgo comercial y, cada vez más relevante, el nivel de digitalización de los procesos empresariales. En la octava edición de esta iniciativa (año 2025), un total de 84 empresas obtuvieron este reconocimiento de entre más de 2.500 candidatas que iniciaron el proceso de evaluación. Esta cifra reveladora subraya el carácter verdaderamente selectivo y exigente del CIEGE, lo cual amplifica significativamente el valor de su consecución para cualquier organización que lo logre. La tasa de éxito, inferior al 3,5 por ciento, convierte a este certificado en un emblema de excelencia en la gestión que pocos pueden ostentar.   Consolidación de más de tres décadas de trayectoria FRUSANGAR es una empresa familiar con más de treinta años de trayectoria ininterrumpida en el sector de la distribución de patatas. Ubicada estratégicamente en Navalcarnero, en el sureste de la Comunidad de Madrid, la compañía ha construido su reputación sobre pilares sólidos: una cadena de suministro transparente que va del campo a la mesa, relaciones directas con agricultores homologados, y un sistema de control de calidad que se extiende a lo largo de cada fase del proceso productivo y distributivo. La certificación CIEGE obtenida en 2025 —emitida oficialmente el 24 de julio de ese año con validez hasta agosto de 2026— representa la culminación de un enfoque sistemático hacia la mejora continua y la adaptación a estándares internacionales de excelencia. Esto no ocurre por casualidad en una empresa como FRUSANGAR, que ya contaba con certificaciones de primer nivel como la IFS Food desde 2019 y la certificación Global GAP, demostrando su compromiso previo con la seguridad alimentaria y la trazabilidad. El hecho de que FRUSANGAR haya obtenido el CIEGE implica que su gestión ha superado evaluaciones rigurosas en todas y cada una de las áreas críticas mencionadas anteriormente. Desde la perspectiva de solvencia y rentabilidad, la empresa ha demostrado capacidad de sostenimiento financiero; en términos de crecimiento, ha mostrado trayectoria ascendente; respecto al empleo, ha mantenido estándares dignos en condiciones laborales; en internacionalización, ya exporta hacia Portugal y Francia; en responsabilidad social corporativa, aplica criterios éticos en sus operaciones; en satisfacción de clientes, ha cultivado relaciones duraderas con cadenas de supermercados, establecimientos HORECA y colectividades; en innovación, ha adaptado sus procesos a demandas cambiantes del mercado; y en digitalización, ha incorporado sistemas modernos de control y trazabilidad.   La importancia del CIEGE para la reputación de la distribución alimentaria española El sector de la distribución alimentaria en España juega un papel estratégico que trasciende lo puramente mercantil. Las empresas distribuidoras son intermediarias críticas entre productores agrícolas y consumidores finales, responsables de garantizar que los alimentos lleguen en óptimas condiciones, se mantengan disponibles en estantes, y cumplan con estándares exigentes de seguridad alimentaria. En un contexto donde la opinión pública es cada vez más exigente respecto a la calidad, la trazabilidad y la sostenibilidad de los productos que consume, los empresarios del sector alimentario se enfrentan a una prueba considerable de reputación empresarial. La confianza que los consumidores depositan en la distribución alimentaria depende, en gran medida, de la capacidad demostraba de estas empresas para operar con transparencia, rigor y profesionalidad. La obtención del CIEGE por parte de FRUSANGAR aporta un valor incalculable a este ecosistema. Cuando una distribuidora alimentaria alcanza un reconocimiento de este calibre, no solo reafirma su propia posición competitiva, sino que proyecta una imagen de seriedad y competencia que beneficia al conjunto de la industria. Los consumidores, al enterarse de que empresas como FRUSANGAR operan bajo estándares certificados de excelencia en la gestión, comprenden que existe un nivel de control y profesionalismo en la cadena que lleva sus alimentos a la mesa. Además, desde la perspectiva de relaciones interempresariales, el CIEGE otorga a FRUSANGAR una posición fortalecida frente a clientes corporativos grandes, a proveedores internacionales y a entidades financieras. Estas organizaciones saben que un certificado CIEGE no es un mero sello decorativo, sino la prueba de que la empresa ha sido sometida a auditoría independiente exhaustiva y ha superado criterios de evaluación sumamente rigurosos.   Los valores que sustentan el logro de FRUSANGAR Para entender por qué FRUSANGAR ha conseguido el CIEGE, resulta ilustrador analizar los valores corporativos que han guiado su desarrollo durante treinta años. En primer lugar, existe un compromiso inquebrantable con la calidad del producto. Cada patata que distribuye FRUSANGAR proviene de proveedores homologados que cumplen normativa española y comunitaria, y se somete

Almacenar patatas para meses: trucos contra brotes y hongos

¿Cuántas veces has abierto tu despensa y descubierto patatas con brotes verdes o manchas de moho? Es frustrante, caro y desperdicia comida que pudo alimentarte durante semanas. La buena noticia: almacenar patatas correctamente no es ciencia ficción. Con los trucos adecuados, estas raíces pueden durar meses frescos, crujientes y listos para cualquier receta, desde una dieta sana basada en patatas cocidas bajas en índice glucémico hasta un simple puré reconfortante. En este artículo, aprenderás cómo el viaje de la patata —del campo a la cocina— puede prolongarse exponencialmente si dominas temperatura, humedad, luz y tus nuevos aliados caseros.​   El viaje comienza en el campo: curación básica para la longevidad Antes de hablar de tu despensa, retrocedamos. Las patatas que llegan a tu casa han sido cosechadas días o semanas atrás. Si vienen directamente del productor —ideal para frescura máxima—, necesitan un proceso llamado curación, que endurece su piel frágil y extiende su vida natural. Simplemente coloca las patatas sobre papel de periódico, sin lavar, en un lugar oscuro y ventilado durante 7-14 días. No las toques, no las laves. Déjalas que respiren. Este paso es gratuito, requiere poco espacio y transforma tubérculos «tiernos» en fortalezas contra brotes y hongos.​ ¿Por qué sin lavar? La suciedad protege su piel de microrroturas que invitan hongos. Después de la curación, podrás cepillar suavemente para remover tierra sin dañar. Si compras en supermercado, ya vienen parcialmente curadas, así que adelante con el almacenamiento definitivo.​   Temperatura: el factor más crítico para detener brotes La temperatura ideal para almacenar patatas está entre 7 y 10 °C. A esta franja, el tubérculo respira lentamente, los brotes se ralentizan casi al máximo y los hongos no prosperan. Suena preciso, pero en casa funciona así: busca lugares naturalmente frescos como despensas sin calefacción, garajes sin ventanas directas, sótanos secos o rincones bajo escaleras. Evita absolutamente el frigorífico, que conservará patatas cocidas, no crudas, porque temperaturas por debajo de 4 °C convierten almidón en azúcar, oscureciendo la pulpa y arruinando el sabor.​ Si tu casa es cálida en verano, tienes opciones: congela si planeas usarlas para guisos (después de blanquearlas), deshidrata en horno a baja temperatura u entiérralas en surcos profundos del jardín bajo paja. Claro, medir la temperatura exacta cada día es innecesario. Toca la pared de tu despensa: si está fría como una cueva, es tu aliada.​   Humedad: ni mojado ni seco, es un equilibrio delicado Aquí radica el segundo error mortal. Mucha gente piensa «secar = durar», pero patatas muy secas se arrugan, pierden textura y se ablandan. Las patatas necesitan humedad relativa entre 80-90%, equilibrando evaporación sin permitir condensación. ¿Cómo lograr esto en casa?​ Primero: nunca uses bolsas de plástico herméticamente selladas. Atrapan humedad en exceso, creando microclimas de moho. En su lugar, bolsas de papel perforadas o cajas de madera con rendijas permiten la transpiración controlada. Si tu hogar es muy seco (clima mediterráneo como Barcelona), coloca un recipiente pequeño con agua en la zona de almacenamiento para subir la humedad sin empapar. No toques las patatas; déjalas a distancia.​ Segundo: evita la condensación. Si guardas patatas en sótano frío y húmedo, asegúrate de ventilación cruzada. Un pequeño ventilador apuntando hacia ellas cada dos horas previene gotitas que pudren. Inspecciona cada dos semanas y retira las que empiecen a suavizarse o muestren manchas negras tipo hongos.​   Luz: el desencadenante de brotes y toxinas Las patatas expuestas a luz desarrollan solanina, un alcaloide que las vuelve verdes y tóxico. Es defensa natural de la planta contra plagas, pero para ti significa rechazo inmediato. Regla de oro: mantén patatas en completa oscuridad. Bolsa opaca, caja sin transparencias, rincón sin ventanas. Si ves verde en una patata, descártala. No «peles la parte verde y comas el resto»: la solanina se difunde. Además, ausencia de luz más temperatura fresca automáticamente ralentizan los brotes, incluso sin químicos.​   El truco de la manzana: gas etileno al rescate Aquí viene la estrategia más antigua y subestimada: las manzanas emiten gas etileno, que inhibe la germinación de patatas. Coloca una o dos manzanas (frescas, sin pudrir) en la misma caja o bolsa de patatas, sin contacto directo entre ellas. Cambia las manzanas cada 2-3 semanas cuando envejezcan. Científicamente comprobado, económicamente gratuito si tienes frutas en casa. Algunos agricultores históricos hacían esto sin saber por qué; hoy sabemos: funciona.​   Revisión periódica: tu red de seguridad Aquí no hay excepciones. Inspecciona tus patatas cada 2-3 semanas. Retira cualquiera con brotes emergentes, manchas negras (hongos), textura blanda o humedecida. Una patata podrida puede infectar a sus vecinas como un dominó. Es disciplina pequeña que previene pérdidas grandes. Apunta en un calendario si guardas muchas; después de 2-3 meses en almacenamiento correcto, conecta con producción nueva para rotación natural.​   Métodos alternativos para almacenamiento ultra largo Si planeas conservar patatas 6 o más meses o simplemente quieres tener respaldo: Congelación inteligente: Pela, corta en dados, blanquea en agua hirviendo 3-5 minutos (detiene oxidación), enfría en agua helada, seca bien, mete en bolsas de congelador al vacío. Uso directo en sopas o guisos. Duran 8-12 meses. No servirán para freír (textura fibrosa), pero para cocina lenta, perfectas.​ Deshidratación casera: Corta fino (0,5 cm), sumerge en agua con limón para evitar oscurecimiento, seca en horno a 60-80 °C durante 4-6 horas hasta quedar crujiente. Guarda hermético, oscuro y seco. Rehidrata en caldo antes de usar. Duran un año. Ideales para dieta sana preparada: deshidratadas ocupan 80% menos espacio.​ Puré congelado: Cocina normalmente, haz puré, deja enfriar, vierte en bolsas de congelador aplanadas. Etiqueta con fecha. Dura 6 meses. Rápida descongelación para cenas de última hora sin deterioro de nutrientes para dieta sana.​ Método enterrado: Cava surcos en el jardín, coloca patatas en el fondo, cubre con papel de periódico, tira tierra suelta y paja encima. Protege de la lluvia. Desentierra según necesidad. Método campesino milenario que funciona en climas templados.​   Señales de alerta: cuándo descartar sin dudarlo Olor a humedad podrida, textura vidriosa o marrón, manchas negras o grises (hongos), brotes verdes anchos, grietas profundas, líquido exudante. Cualquiera de estos: fuera. No te arriesgues a una salmonela, botulismo o malestar estomacal. Una patata cuesta céntimos;

Cómo cocinar patatas para bajar su índice glucémico

¿Te preocupa el índice glucémico de las patatas porque quieres controlar mejor tu azúcar en sangre o simplemente llevar una dieta sana y equilibrada? No estás solo. Durante años, este tubérculo ha cargado con una fama injusta de «subir el azúcar rápido», pero la realidad es mucho más alentadora. Todo depende de cómo lo prepares: vapor, asado o incluso crudo pueden transformar su impacto en tu cuerpo. En este artículo, desgranamos métodos prácticos, respaldados por estudios reales, para que disfrutes de las patatas sin remordimientos, manteniendo sus beneficios nutricionales intactos como fuente de potasio, vitamina C y fibra. Prepárate para descubrir trucos que usan nutricionistas y cocineros caseros por igual.   ¿Por qué las patatas despiertan dudas sobre el azúcar? Imagina esto: abres la nevera, ves unas patatas frescas y piensas en freírlas para una cena rápida. Pero si vigilas tu índice glucémico, esa idea se esfuma. El índice glucémico mide cómo un alimento eleva la glucosa en sangre; las patatas hervidas al dente pueden rondar el 70-80, similar a un pan blanco, lo que asusta a quien cuida su diabetes o peso. Sin embargo, no todo es blanco o negro. El almidón de la patata, ese carbohidrato principal, cambia de forma según la cocción y temperatura. Cuando lo calientas mucho o lo comes caliente, se gelatiniza y digiere rápido. Pero enfríalo después, y nace el almidón resistente, una fibra que actúa como prebiótico, baja el impacto glucémico hasta un 30-50% y alimenta tu microbiota intestinal.​ Esto no es teoría: un estudio de la Universidad de Colorado mostró que patatas asadas y refrigeradas reducían glucosa e insulina post-comida comparadas con las calientes. Otro en Europa confirmó que el almidón resistente tipo 3 (el que se forma al recocinar y enfriar) sacia más que el pan y quema grasa como energía. Para ti, que buscas dieta sana, significa patatas en el plato sin picos de azúcar, con saciedad duradera que evita antojos nocturnos.​   Cocinar al vapor transforma las patatas en aliadas Empecemos por lo simple: el vapor. Este método preserva nutrientes y minimiza el índice glucémico porque cocina uniforme sin exceso de agua ni aceites. Corta patatas en dados medianos, con piel si son orgánicas, y cuélalas 15-20 minutos hasta tiernas pero firmes. No las machaques calientes; déjalas enfriar en la nevera unas horas. Así, el almidón retrograda, formando esa fibra mágica que frena la absorción de azúcares. ¿Por qué funciona? El vapor mantiene el potasio (más que un plátano por pieza) y vitamina C, clave para inmunidad y presión arterial. Un puñado de patatas al vapor frío aporta 4g de fibra, 2g de proteína y solo 77 calorías por 100g, ideal para dieta equilibrada. Prueba con ensalada: mézclalas con espinacas, tomate, un chorro de aceite de oliva virgen y vinagreta de mostaza. Saciará por horas sin disparar glucosa. Cocineros reales juran que sabe a verano fresco, y nutricionistas lo recomiendan para prediabéticos: baja el IG a 50-60, según tablas actualizadas.​ Receta rápida: Patatas al vapor con hierbas frías. 500g patatas medianas al vapor (20 min), enfriadas overnight. Aliña con perejil picado, ajo en polvo, limón y 1 cucharada de tahini. Sirve con huevo duro o atún natural. Energía sostenida para tu día, con beneficios nutricionales como magnesio para músculos relajados.​   El asado al horno crea almidón resistente  Ahora, sube la apuesta con asado. Aquí el secreto es hornear entero o en gajos a 180-200°C, 40-50 minutos, con piel y un hilo de aceite. Nada de microondas, que gelatiniza todo. Enfría completamente; el almidón resistente se multiplica, bajando el IG por debajo de 60 en pruebas clínicas. Piensa en patatas horneadas recocidas: su textura cremosa interior y crujiente exterior engaña al paladar mientras cuida tu metabolismo.​ Nutricionalmente, resiste mejor la cocción: retiene hierro, B6 para energía mental y antioxidantes contra inflamación. Estudios en Runner’s World destacan su rol en reponer glucógeno post-ejercicio sin crashes, perfecto si caminas o entrenas ligero. Para controlar índice glucémico, cómetelas tibias o frías en ensaladas. Evita rebozados calientes, que disparan el IG a 85+.​ Idea casera: Gajos asados con especias invernales. 4 patatas grandes, cortadas en octavos, rociadas con romero, pimentón ahumado y aceite de coco. Hornea 45 min, enfría 4 horas. Acompaña pollo a la plancha. Tus invitados fliparán con el crunch, y tú con cero remordimientos en tu dieta sana.​   ¿Patatas crudas? El truco menos conocido para máximo beneficio Sí, has leído bien: crudo. No para freír, claro, sino ralladas finas en ensaladas o smoothies verdes. La patata cruda tiene IG bajísimo (alrededor de 15-20) porque su almidón tipo 1 resiste digestión, actuando puro prebiótico. Estudios canadienses muestran que 50g diarios mejoran sensibilidad insulínica y bajan colesterol LDL.​ Cuidado: pela bien, elige variedades lisas y lava con vinagre para evitar solanina. Ralla, salpimienta y aliña con yogurt natural, zanahoria y cebolla. Sabe fresco, como una versión ligera de coleslaw. Beneficios nutricionales? Máxima vitamina C (20mg/100g), potasio para hipertensión y fibra que regula tránsito sin hinchazón. Ideal para desayunos en dieta equilibrada: mezcla con manzana y canela para un bowl saciante de 200 calorías.​ Variante: Ensalada cruda revitalizante. 2 patatas medianas ralladas, jugo de limón, mostaza dijon, perejil y nueces. Deja reposar 10 min. Energía lenta para mañanas activas, con efecto antiinflamatorio probado.​   Beneficios nutricionales que van más allá del azúcar Las patatas no son solo carbohidratos; son un paquete completo cuando las preparas bien. Potasio abundante (421mg/100g cocidas) regula presión arterial mejor que plátanos, clave si tomas medicación. Vitamina C y B6 apoyan inmunidad y cerebro, mientras fibra (piel incluida) previene estreñimiento y estabiliza glucosa largo plazo.​ En dieta sana, destacan por saciedad: un estudio británico halló que superan proteínas en fullness index, ayudando a comer menos sin hambre. Contra mitos, no engordan solas; fritas sí, pero vapor/asado mantienenen 0.1g grasa. Para diabéticos tipo 2, combinadas con proteínas/grasas (pollo, aguacate), neutralizan picos. Añade antioxidantes de piel morada o roja para bonus cardioprotector.​   Errores comunes y cómo esquivarlos Muchos caen en hervir y machacar caliente: IG alto. Solución: siempre enfría. Evita freír; opta por aire caliente si ansias crunch. Porciones: 150-200g por comida, con veggies y proteína para carga glucémica baja. Prueba una app como NutriScan para trackear.​ Si tienes diabetes, consulta médico, pero evidencia apoya patatas

Enero en el campo: las tareas que transforman la siembra de patatas

Si alguna vez te has preguntado qué sucede en el terreno cuando la mayoría hibernamos, hoy desentrañamos los secretos de enero en la agricultura de patatas. Este mes, aparentemente tranquilo, bulle de actividad en ciertos rincones de España. Desde el sur soleado hasta las zonas templadas, agricultores expertos ejecutan labores que determinan el éxito de toda la campaña. ¿Imaginas cómo 34 granos de tierra pueden convertirse en kilogramos de tubérculos nutritivos? Todo comienza aquí, en enero, bajo la luz invernal. Prepárate para descubrir qué tareas del campo ocurren cuando el frío reina, con consejos prácticos y datos sorprendentes que transformarán tu comprensión sobre la horticultura.​   El calendario agrícola desvelado El calendario agrícola de las patatas en España es un fascinante mosaico climático. Mientras en el norte la nieve cubre montañas, en Almería, Murcia y la costa andaluza, los campos resplandecen bajo un sol invernal moderado. Enero es paradójico: cierra un ciclo y abre otro simultáneamente. Es el mes de la cosecha de patata de verdete, ese tesoro hibernante que brinda frescura en pleno invierno, y también el inicio de siembras tempranas que adelantarán cosechas de primavera. ¿Por qué importa esto? Porque mientras la mayoría de Europa duerme, España produce patatas frescas, cubiertas de tierra, llenas de sabor. Este flujo continuo asegura que en enero no falten patatas de calidad nacional en mercados y mesas. Vamos a descubrir cómo agricultores han perfeccionado estas tareas en enero durante generaciones.​   La cosecha de patata de verdete: el tesoro invernal Imaginemos los campos de Huelva o Granada en una mañana de enero. La bruma se disipa, y bajo un cielo despejado, máquinas especializadas vibran extrayendo tubérculos dormidos bajo tierra desde hace meses. Esta es la cosecha de patata de verdete, una práctica única que convierte el invierno en temporada de abundancia. ¿Qué es exactamente la patata de verdete? Se trata de patatas sembradas en agosto del año anterior, que maduran lentamente bajo temperaturas suaves (10-15°C) del otoño-invierno peninsular. A diferencia de la siembra convencional de primavera, estas patatas se cultivan exclusivamente en el sur, aprovechando microclimas costeros donde las heladas son casi inexistentes. El proceso de cosecha en enero es meticulosamente planificado. Los agricultores usan maquinaria ligera para no dañar los frágiles tubérculos, seguida de un triaje inmediato: clasificación por calibre, color y firmeza. Cada patata se manipula con cuidado, porque una magulladura compromete su comercialización. Variedades como Monalisa o Agria dominan esta cosecha por su resistencia y sabor. Curiosamente, estas patatas invernales desarrollan almidones más concentrados que sus hermanas primaverales, ofreciendo un sabor más intenso. Para la economía agrícola española, esta cosecha de verdete representa entre el 15-20% de la producción anual andaluza. Económicamente, genera ingresos vitales en un mes que, en otros cultivos, sería estéril. Imagina agricultores que, gracias a esto, mantienen empleos y maquinaria funcionando todo el año.​   La preparación del terreno: la base invisible pero vital Mientras unos cosechan, otros labran. En enero, la preparación del suelo es una tarea fundamental que pasa desapercibida pero determina todo lo demás. Visualiza campos donde tractores arados penetran 20-30 centímetros en la tierra, oxigenando microbios y nutrientes dormidos. ¿Por qué tan profundo? Las raíces de la patata necesitan tierra suelta para extenderse sin resistencia, y los tubérculos requieren aire para respirar bajo tierra. Un suelo compactado sofoca la planta, limitando rendimiento. Además, esta arada profunda expone y elimina larvas de plagas como el gusano alambre, un depredador que, de otro modo, devastaría cosechas futuras. Los agricultores analizan pH del suelo (idealmente 5,5-6,5): demasiado ácido favorece enfermedades como el tizón, demasiado alcalino bloquea micronutrientes. En enero, se incorpora abono orgánico—compost de estiércol envejecido—para enriquecer la tierra naturalmente. Algunos agricultores rotan con leguminosas, plantas que fijan nitrógeno atmosférico, mejorando fertilidad sin químicos. Se forman surcos de 70-80 centímetros, con canales de drenaje; la patata odia charcos. Esta planificación geométrica reduce riesgos de encharcamiento, previene pudriciones y estandariza operaciones futuras. Es ingeniería agrícola pura, casi invisible al ojo no entrenado, pero absolutamente crucial.​   La siembra temprana: adelantando la primavera Aquí viene la magia. En zonas sin heladas severas, enero es siembra de patatas. Se clasifican en temprana (diciembre-enero) y semitemprana (enero-febrero), utilizando semilla certificada de 35-45 milímetros. El procedimiento: agricultores cavan hoyos a 10-15 centímetros, introducen el tubérculo «ojo arriba» (brotes hacia arriba), espaciados 25-30 centímetros. Variedades como Spunta o Kennebec brillan en estos ciclos cortos (90-120 días), cosechándose en abril-mayo. Imagina: siembras en enero = cosechas en primavera, cuando los mercados demandan frescura y escasean importaciones europeas. El reto: la siembra en enero requiere riego preciso. Necesita entre 10-15°C de temperatura de suelo para germinación óptima. Demasiado frío detiene el proceso; demasiado calor agota reservas. Agricultores usan goteo inicial suave, humedeciendo sin encharcar. En noches gélidas sorpresa, algunos aplican mulching (capas de paja), aislando tubérculos del frío extremo. ¿El beneficio? Estas patatas de siembra temprana alcanzan mercados en primavera antes que producciones tradicionales, compitiendo ventajosamente contra importaciones de terceros países. Una cosecha en abril de una siembra en enero es una ventaja competitiva incalculable para agricultores conscientes de mercados.​​   Vigilancia contra plagas y enfermedades: el trabajo silencioso No es glamuroso, pero es esencial. En enero, la lucha integrada contra plagas es constante. Agricultores inspeccionan surcos por pulgones (que hibernan en residuos), nematodos (que devoran raíces) y tandems de hongos letales. El rizctonia, hongo que prospera en inviernos húmedos, es el enemigo número uno. Se combate mediante rotación de cultivos (no repetir patata en el mismo terreno dos años seguidos) y usando semilla certificada, que garantiza ausencia de patógenos. Algunos agricultores aplican Bacillus thuringiensis (bacteria natural) como insecticida orgánico. La meteorología de enero es aliada: lluvia moderada (40-60 mm) beneficia germinación, pero excesos drásticos fomentan enfermedades. Agricultores experimentados monitorean pronósticos constantemente, ajustando riego y aplicaciones preventivas. Esta vigilancia asegura plantas sanas y tubérculos libres de defectos, reduciendo pérdidas que, sin control, alcanzarían 20-30%.​   Riego y nutrición: la ciencia del crecimiento oculto Bajo tierra, mientras no la vemos, ocurre el drama real: brotes emergentes luchan por nutrientes y agua. En enero, el riego equilibrado es vital. Se aplican 20-30 milímetros semanales vía goteo, suficiente para no encharcar pero necesario para hidratación constante. Nutricionalmente, agricultores inyectan nitrógeno inicial (50-70 kg/ha) para brotes vigorosos, y fósforo para raíces fuertes. En enero, mientras días son cortos (luz insuficiente), plantas dependen de reservas del tubérculo y nutrientes disponibles. Fertirriego equilibrado (agua +

La patata fue la sorpresa navideña de 2025

Cuando hablamos de consumo de productos frescos en las celebraciones navideñas españolas, la tendencia es apuntar hacia el marisco, las carnes gourmet o los vinos con denominación de origen. Sin embargo, existe un producto que, año tras año, demuestra ser verdaderamente imprescindible en las mesas españolas y que ha jugado un papel protagonista en la Navidad 2025: la patata nueva. Aunque los datos generales de consumo pueden resultar engañosos, un análisis más profundo del comportamiento del mercado navideño de este año revela cómo la patata fresca ha experimentado una demanda consistente durante las fiestas de Navidad 2025, adquiriendo una relevancia económica que muchos distribuidores subestiman. La patata nueva sigue siendo el segundo producto más comprado en la cesta navideña según fuentes del sector mayorista español, una posición que refleja su importancia estructural en la alimentación familiar durante estas fechas.   El contexto económico: inflación y comportamiento del consumidor La Navidad 2025 ha transcurrido bajo un ambiente económico complejo para el consumidor español. El gasto previsto por persona en alimentación alcanzó los 313 euros, lo que representa un aumento significativo respecto a años anteriores. Este incremento de aproximadamente 30% en el presupuesto alimentario durante diciembre contrasta con una realidad incómoda: el 84% de los españoles afirmó que la inflación influiría directamente en sus decisiones de compra. Para los distribuidores alimentarios, esta paradoja es fundamental: el consumidor gasta más dinero, pero compra con mayor cautela. Esta tensión económica ha impulsado cambios en los patrones de compra que trascienden la simple cantidad consumida. El comportamiento de compra anticipada se consolidó como estrategia defensiva, con muchas familias adelantando sus adquisiciones para evitar últimas subidas de precios y las aglomeraciones características de la última semana de diciembre. Las patatas nuevas protagonizaron una sorprendente bajada de precio en torno al 20% durante el período navideño, según los datos recopilados en los mercados mayoristas españoles. Esta reducción no obedeció exclusivamente a fenómenos estacionales, sino a la combinación de una oferta más abundante después de la cosecha de otoño y una relativa moderación del alza inflacionaria en este segmento específico de hortalizas. Desde la perspectiva de los distribuidores, esta situación representó una oportunidad considerable para mejorar márgenes operativos y capturar mayor volumen de compra.   Patatas frescas versus productos procesados: la batalla continúa Un dato que merece especial atención para los profesionales del sector es el crecimiento diferencial del consumo de alimentos frescos durante la Navidad 2025. Mientras que los productos envasados crecieron apenas un 4,1% en gasto, los alimentos frescos registraron un aumento del 8,3%, con un incremento de volumen aún más notable del 3,9%. Este fenómeno representa una ruptura con ciertos discursos que apuntaban hacia la preponderancia de ultraprocesados en la dieta española contemporánea. Más del 70% de los consumidores españoles consideró que los productos frescos eran imprescindibles en sus menús navideños, según análisis del sector mayorista. Las patatas frescas se mantuvieron como componente central de las estrategias culinarias navideñas, tanto en el ámbito doméstico como en la hostelería. No obstante, es crucial entender que la demanda de patatas durante Navidad 2025 no se limitó al producto crudo tradicional. El consumo simultáneo de patatas congeladas, precocinadas y patatas incluidas en platos preparados creció de forma significativa. Los platos listos para consumir alcanzaron una penetración del 98,6% en los hogares españoles, con un crecimiento del gasto del 5,7% en los últimos doce meses. La patata panadera y la patata asada se consolidaron como elementos diferenciadores en las propuestas de platos preparados de las grandes cadenas minoristas, particularmente en sus servicios de comida lista para llevar específicamente diseñados para las fiestas.   El rol de las patatas en la hostelería navideña Para los profesionales del canal HORECA, la Navidad 2025 representó un periodo de oportunidades basadas en el consumo controlado pero de elevado valor agregado. Los distribuidores especializados en alimentación para restauración reportaron incrementos entre el 5% y el 8% en sus operaciones durante el mes de diciembre, con un perfil de demanda significativamente diferente al del consumidor minorista. La carrillada guisada con patatas asadas, la paletilla de cordero lechal acompañada de patatas nuevas y los diversos platos de cochinillo con patatas fueron especialmente solicitados por restaurantes, hoteles y establecimientos de catering. Esta demanda especializada exigió patatas de calidad específica, en formatos particulares y con garantías de trazabilidad, elementos que diferenciaron a los distribuidores capacitados de aquellos que solo manejaban volumen.   La paradoja del desperdicio en contexto de inflación Un fenómeno paradójico caracterizó la Navidad 2025: el 55% de los consumidores reconoció tirar comida durante las fiestas, a pesar de que el 84% manifestaba preocupación por la inflación alimentaria. Este aparente contrasentido explica mucho sobre el comportamiento navideño. El 59% de las familias españolas compró más alimentos de los necesarios por temor a no tener suficiente, perpetuando un patrón psicológico profundamente arraigado en la cultura navideña española. Las patatas, junto con el pan y las guarniciones, fueron identificadas como productos de mayor desperdicio, representando aproximadamente el 20% de los descartes alimentarios durante estas festividades. Para los distribuidores, este dato plantea una pregunta estratégica fundamental: ¿cómo comunicar la optimización de compras sin sacrificar la percepción de abundancia característica de la época navideña? La solución parece radicar en la asesoría personalizada sobre volúmenes apropiados y en la promoción de formatos de menor peso o venta fraccionada, especialmente para hogares más pequeños.   Las patatas en la cesta de la compra navideña: números que hablan Aunque el gasto medio por consumidor en patatas sigue siendo relativamente bajo —apenas 33 euros al año, distribuidos en 22,77 euros en patata fresca, 2,27 en procesada y 10,18 en congelada—, la concentración de este consumo en el periodo navideño es considerable. Durante las dos últimas semanas de diciembre, el consumo de patatas nuevas experimenta un incremento del 15% al 20% respecto a la media mensual. Esto se traduce en términos operativos muy específicos: un distribuidor que maneje un volumen de 10.000 kilos mensuales de patatas fresca debería esperar picos de 1.500 a 2.000 kilos adicionales durante la primera y tercera semanas de diciembre. Para los distribuidores de mayor volumen, estas fluctuaciones requieren planificación logística anticipada, negociación con productores y optimización del almacenamiento refrigerado.   Oportunidades para distribuidores: diferenciación en contexto de bajada de precios La reducción de precios de patatas nuevas de 20% en

El futuro del sector agroalimentario español

La celebración de la I Edición de los Premios del Sector Agroalimentario Español, organizada conjuntamente por El Economista y Santander en diciembre de 2025, constituye un reconocimiento significativo al dinamismo y la relevancia estratégica del sector agroalimentario español en el contexto económico nacional e internacional. Estos galardones, que honran la excelencia, innovación y sostenibilidad en la industria agroalimentaria, reflejan la vitalidad de un sector que en 2025 se encuentra en una posición de expansión consolidada tras superar los desafíos económicos y climáticos de años anteriores. Con un marcado tono expansivo, impulsado por la mejora de las condiciones meteorológicas, la contención de costes de producción y el aumento de la demanda internacional, el sector demuestra su capacidad de resiliencia y su posición privilegiada en el panorama europeo. Sin embargo, aunque las perspectivas a corto plazo son positivas, el sector debe prepararse para desafíos estructurales significativos que marcarán su trayectoria en la próxima década. Este análisis, que se articula en torno al contexto de reconocimiento de excelencia que representan estos premios, examina la situación actual del sector en 2025 y las perspectivas para su futuro.   El estado actual en 2025: Una consolidación del liderazgo europeo El sector agroalimentario español aporta actualmente el 8,9% del PIB nacional y genera aproximadamente 2,4 millones de empleos, posicionando a España como uno de los actores agroalimentarios más relevantes de Europa. En 2024, el sector creció un 3,9%, reforzando su liderazgo competitivo continental. Durante 2025, esta trayectoria expansiva se ha mantenido e intensificado. Se proyecta que el sector primario crezca un 6,6% en 2025, mientras que la industria agroalimentaria lo haga alrededor del 4,0%. Este repunte permitirá que el sector primario recupere en 2025 un nivel de actividad similar al de 2021, prácticamente completando la recuperación tras el bache de 2022-2023.​ La producción de la industria alimentaria ha experimentado un incremento del 1,4% interanual en el primer semestre de 2025, cifra que sitúa la producción en niveles prepandemia. Este crecimiento contrasta favorablemente con el estancamiento del total de la producción manufacturera, demostrando la resiliencia y dinamismo del sector.​ Las exportaciones agroalimentarias han seguido una trayectoria especialmente positiva durante 2025. En el primer semestre, crecieron el 5,0% en volumen y 5,6% en valor, desempeño particularmente notable considerando el contexto internacional caracterizado por tensiones geopolíticas y un entorno comercial cada vez más proteccionista. El superávit comercial del sector alcanzó los 18.776 millones de euros en 2024, consolidando la segunda posición en la Unión Europea, solo por detrás de Países Bajos. Esta cifra refleja que el agroalimentario representa el 19,5% del total de exportaciones de bienes de España, el mayor peso relativo entre los países exportadores de la UE-27.​ Con esta trayectoria, España se posiciona actualmente como la cuarta potencia exportadora agroalimentaria de la Unión Europea y la octava a nivel mundial, con una participación del 3,4% del comercio agroalimentario global.​   Competitividad internacional: Fortaleza fundamental para el futuro Uno de los principales activos que sustentará el futuro del sector agroalimentario español es su extraordinaria competitividad internacional. En 2025, medido en términos de coste laboral unitario, España se mantiene como el cuarto país más competitivo en su agroalimentario general dentro de la Unión Europea, tras Irlanda, Países Bajos y Hungría. Esta ventaja competitiva es aún más pronunciada en el sector primario, donde España lidera la clasificación de toda la UE-27 con costes laborales por unidad de valor agregado un 56% inferiores a la media comunitaria.​ La productividad del sector agroalimentario español supera en un 22% la media de la Unión Europea, alcanzando mejoras aún más destacadas en el sector primario, donde la productividad es un 73% superior a la media comunitaria. Esta combinación de alta productividad y bajos costes laborales genera una rentabilidad superior que se traduce directamente en márgenes operacionales más competitivos que los de sus homólogos europeos.​ Es particularmente relevante que el sector primario español sea un 14,4% más productivo que la UE-27 en 2025, una ventaja que se amplía hasta el 41,9% cuando se excluye el comercio. Estas fortalezas competitivas serán cruciales para mantener la posición de España en mercados globales cada vez más competitivos en los próximos años.​ Sin embargo, aunque las pymes españolas del sector son más productivas que sus homólogas europeas, las empresas grandes españolas resultan menos productivas que las de otros países europeos, revelando una brecha que requiere especial atención en la estrategia de crecimiento futuro del sector.​ Estructura empresarial: Desafíos de escala para los próximos años El sector agroalimentario español en 2025 presenta una estructura empresarial altamente atomizada que constituye tanto una fortaleza como un desafío significativo para su evolución futura. De las 31.393 empresas que componen el sector agroalimentario, casi el 80% son microempresas con menos de 10 empleados. Las empresas con más de 250 empleados no alcanzan el 1% del total, aunque aportan el 42% del valor añadido bruto y emplean al 32% de los ocupados.​ Esta fragmentación es especialmente pronunciada en el sector primario, donde el pequeño tamaño de las explotaciones constituye un obstáculo estructural que seguirá limitando la modernización y la implementación de nuevas tecnologías en el mediano plazo. El promedio de tamaño de las explotaciones españolas es significativamente inferior al de otros competidores europeos, lo que limita la capacidad de inversión individual en innovación y digitalización. La estructura empresarial del sector está caracterizada además por un notable envejecimiento de los agricultores. La edad media de los agricultores españoles se sitúa en los 62 años, con más del 40% de los propietarios de explotaciones agrarias con más de 65 años. Este fenómeno genera graves problemas de relevo generacional que amenaza la viabilidad a largo plazo de muchas explotaciones y constituirá uno de los retos más críticos de la próxima década. Las explotaciones jóvenes tienden a ser de mayor dimensión económica y muestran mayor predisposición hacia la innovación, lo que sugiere que el cambio generacional podría impulsar mejoras en productividad si se facilita adecuadamente.​   Los principales productos en 2025: Recuperación y volatilidad de precios La producción agroalimentaria española en 2025 se caracteriza por una diversidad de productos con desempeños muy distintos según las condiciones climáticas y de mercado. Las frutas y hortalizas siguen representando el 35% del total de producción agraria, consolidándose como los principales productos. Sin embargo, durante 2024 y en lo que va de 2025, se ha registrado una fuerte recuperación de cereales y aceite de oliva, que en años anteriores fueron particularmente afectados por la sequía persistente.​ En el caso de las hortalizas, a pesar de la recuperación volumétrica en 2024 (con

Patatas para hostelería: Errores comunes

En la hostelería profesional, seleccionar las patatas adecuadas evita desperdicios y asegura platos perfectos, pero errores comunes como confundir variedades o ignorar el contenido de almidón generan resultados inconsistentes en frituras y guisos. Proveedores homologados como FRUSANGAR ofrecen soluciones técnicas con variedades de patatas adaptadas, como Fripat para freír y Papa Reina para versatilidad, cumpliendo normativas UE y priorizando sostenibilidad local. Este artículo detalla ocho errores clave, sus impactos y correcciones prácticas para chefs y gerentes, optimizado con criterios agronómicos y tests en cocina.​   El caso del chef madrileño Un chef madrileño enfrentaba tortillas que se deshacían en fritura hasta que cambió a Fripat de FRUSANGAR, logrando textura firme y absorción mínima de aceite gracias a su media-alta almidón y estructura resistente. Esta variedad homologada transformó su servicio diario, reduciendo quejas y elevando reseñas, al tiempo que apoyó economías locales con patatas de Madrid cultivadas al 100% en la Comunidad. Experiencias similares destacan cómo proveedores como FRUSANGAR realizan pruebas sensoriales para garantizar rendimiento en hostelería.​   Tabla de errores comunes y soluciones FRUSANGAR Confundir propiedades técnicas genera fallos predecibles; FRUSANGAR selecciona por almidón, pulpa y maduración para usos específicos. La siguiente tabla resume errores frecuentes en selección de patatas para hostelería, impactos y alternativas homologadas: ERROR COMÚN IMPACTO EN HOSTELERÍA SOLUCIÓN CON FRUSANGAR VAREIDAD RECOMENDADA Confundir variedades (e.g., harinosas vs. firmes) Platos deshechos o duros Criterios por almidón y pulpa; tests en cocina Papa Reina (versátil, tres subvariedades) Ignorar maduración (nuevas vs. viejas) Frituras acuosas o secas Estacionalidad controlada: nuevas primavera, tardías otoño La Chulapona (frescura óptima local) Elegir baja almidón para freír Absorbe exceso aceite, blanda Alta materia seca, bajo azúcar para crunch Fripat (clásica fritura) Despreciar patatas con tierra Pierde opciones resistentes Tierra preserva humedad; no lavar variedades como Agria Fripat (clásica fritura) Comprar por aspecto uniforme Alto desperdicio por pudrición Priorizar resistencia sobre belleza; trazabilidad total La Chulapona (frescura óptima local) Olvidar zona de origen Inconsistencia estacional Proximidad Madrid-Murcia-Andalucía, huella baja La Chulapona (frescura óptima local) No chequear humedad excesiva Hongos rápidos en almacenamiento Envasados inteligentes reciclables Todas variedades con conservación probada Usar polivalentes para todo Rendimiento medio en volúmenes Adaptación por uso: freír, hervir, horno Fripat frituras; Patatas del Pueblo guisos; guarniciones Papa Reina Estas correcciones elevan rentabilidad hasta 20%, minimizando devoluciones en cadenas y catering.​   Consejos de almacenamiento invernal y sostenibilidad Errores en conservación aceleran pérdidas: mantén patatas profesionales a 4-8°C con ventilación óptima, evitando condensación que pudre variedades como Red Pontiac. FRUSANGAR incorpora rotación de cultivos y semillas certificadas para sostenibilidad UE, reduciendo impacto en menús eco-conscientes. Ignorar normativas genera riesgos; proveedores homologados aseguran trazabilidad desde campo a cocina, clave para certificaciones en hostelería.​   Caso Práctico: Receta anti-error para frituras Para frituras perfectas, evita cortes desiguales y enjuaga almidón: prueba patatas fritas bravas con Fripat (1 kg peladas, cortadas 1 cm uniformes; fríe 180°C 4 min; salsa 200 ml tomate + especias). Un restaurante evitó blando interno seleccionando Agria baja en azúcares, logrando crujiente exterior como en pruebas de chefs. Vinculado a refranes invernales como «En diciembre, la patata calienta el hogar», integra en menús navideños para bajo coste y alto impacto.​   Contacta al equipo comercial de FRUSANGAR para auditorías gratuitas de selección y pruebas de lotes adaptados a tu volumen. Ubicados en sureste de Madrid, optimizan logística radial para hoteles y colectividades, con orgullo por calidad rural y colaboraciones agronómicas.

La patata: la revolución agrícola silenciosa

Existe un alimento tan cotidiano, tan presente en nuestras mesas, que raramente nos detenemos a reflexionar sobre su verdadera importancia. Hablamos de la patata: ese tubérculo simple, modesto, frecuentemente despreciado por su sencillez, pero que en realidad es responsable de haber transformado demografías enteras, salvado civilizaciones del colapso y permitido el crecimiento exponencial de la población mundial moderna. Si hoy somos 8.000 millones de personas en el planeta, gran parte de ese logro tiene un deudor silencioso: la patata.​ En los supermercados, en las cocinas de todo el mundo, la vemos como un producto banal. Pero detrás de esa aparente simplicidad se esconde una de las historias más fascinantes de la humanidad: una historia de supervivencia, de resistencia agrícola, de transformación social y de poder alimentario que cambió para siempre el equilibrio del mundo.   Los orígenes andinos: Cuando los incas descubrieron la magia de la tierra Hace más de 7.000 años, en los altos Andes de lo que hoy es Perú y Bolivia, las civilizaciones andinas domesticaron silenciosamente un tubérculo que se convertiría en la piedra angular de su supervivencia. La patata no fue un descubrimiento accidental, sino el resultado de generaciones de observación, experimentación y adaptación a un ambiente extraordinariamente hostil.​ Las tierras andinas a más de 3.000 metros de altura son implacables: temperaturas extremas, suelos pobres, ciclos de lluvia impredecibles. En esos lugares donde la mayoría de cultivos fracasaba, la patata prosperaba. Los incas no solo descubrieron cómo cultivarla, sino que desarrollaron técnicas de conservación que rozan la genialidad prehistórica. Una de esas técnicas es el chuño: la patata era expuesta al frío extremo de la noche andina y luego pisada durante el día para exprimir la humedad. El resultado era una patata deshidratada que podía almacenarse durante años sin estropearse. Imagínese el impacto estratégico de este descubrimiento: una civilización que podía garantizar alimento durante períodos de escasez. Esto no solo permitía alimentar a las poblaciones, sino que transformaba la patata en una herramienta de poder político y militar. Los incas podían mantener ejércitos durante meses, algo inédito en la época.​   El viaje transatlántico: Cuando occidente desconfió de la riqueza que heredaba En el siglo XVI, cuando Francisco Pizarro y otros conquistadores españoles llegaron a Sudamérica, posiblemente cometieron un grave error de estimación. Buscaban oro, plata, especias exóticas. Encontraron algo infinitamente más valioso: la patata. Algunos historiadores afirman audazmente que, para Pizarro, la patata fue un mayor tesoro que todo el oro que saqueó de los Andes.​ A mediados del siglo XVI, los españoles comenzaron a trasladar patatas a Europa. Pero aquí viene la parte sorprendente de la historia: nadie las quería. Los europeos, acostumbrados a sus sistemas agrícolas tradicionales de trigo, cebada y legumbres, miraban con recelo este tubérculo americano. Existían creencias absurdas sobre la patata: algunos médicos sostenían que causaba lepra, otros que era demasiado similar a la «raíz del demonio». La desconfianza era tan profunda que, durante más de un siglo, la patata se cultivaba principalmente como planta decorativa botánica, no como alimento humano. Se la guardaba en jardines de curiosidades, se estudiaba en academias, pero se rechazaba en las mesas.​ Lo más extraño aún: en muchas regiones europeas, durante el siglo XVII, la patata se alimentaba exclusivamente al ganado como planta forrajera. Los campesinos la consideraban tan indigna que preferían morir de hambre a comerla. La conspiración de Parmentier: Cómo un químico francés manipuló a la realeza La transformación comenzó de una manera inesperada: con un acto de marketing brillante orquestado por un hombre llamado Antoine-Augustin Parmentier. Parmentier era un químico francés que, después de haber estado prisionero durante la Guerra de los Siete Años, desarrolló una obsesión por la patata. Había notado que el tubérculo producía más calorías por unidad de tierra que cualquier otro cultivo. Matemáticamente, esto tenía implicaciones revolucionarias: podía alimentar a más personas con menos recursos.​ En 1775, Parmentier ejecutó uno de los primeros «golpes de marketing» de la historia registrada. Convenció al rey Luis XVI de Francia para que otorgara una parcela de tierra real, en las afueras de París, para cultivar patatas públicamente. Pero aquí está el genio de su estrategia: rodeó el cultivo de guardias armados.​ Los parisinos, viendo que la tierra estaba «custodiada» por soldados, asumieron que contenía algo extraordinariamente valioso. ¿Por qué, si no, la Corona protegería tanto un cultivo? La patata pasó de ser un despojo a ser una rareza codiciada. Parmentier distribuyó semillas gratuitamente a agricultores influyentes, publicó manuales sobre cómo cultivarla, e incluso organizó cenas en la corte donde servía platos a base de patata para demostrar que eran comestibles (y deliciosos).​ El efecto fue casi inmediato. Lo que comenzó como una curiosidad regia se transformó en una moda agrícola. Parmentier cambió la historia de Europa manipulando hábilmente la psicología social.   El crecimiento demográfico: Cuando la patata triplicó la población del mundo Ahora llegamos al impacto verdaderamente revolucionario de la patata en la historia humana. Entre 1700 y 1900, la población mundial se triplicó. ¿El factor principal? Los historiadores y economistas contemporáneos coinciden: la patata. Los números son sorprendentes. En regiones de Europa, entre el 25 y 26% del crecimiento de población total fue directamente atribuible a la adopción de la patata como cultivo alimentario. En términos de urbanización, la cifra es aún más espectacular: entre el 27 y 34% del crecimiento urbano ocurrió en regiones con suelos aptos para cultivar patatas.​ ¿Por qué? Porque la patata es una maquinaria de producción de calorías sin rival. Produce más alimento por unidad de superficie y tiempo que la mayoría de cultivos. Mientras que un campo de trigo alimentaba a una familia, ese mismo campo de patatas podía alimentar a dos, incluso tres familias.​ Esta abundancia de calorías baratas tuvo consecuencias profundas. En la teoría económica maltusiana (que describe cómo el aumento de productividad agrícola en sociedades preindustriales se traduce en aumento de natalidad), la patata fue el catalizador perfecto. Más alimento significaba más supervivencia, menos mortalidad infantil, más nacimientos. Existe un dato particularmente revelador: en pueblos europeos con tierra adecuada para cultivar patatas, los soldados franceses conscriptos medían aproximadamente 3,8 centímetros más que en regiones sin cultivo de patatas. La diferencia física no es trivial: es el reflejo de generaciones de mejor nutrición.​   La tragedia irlandesa: La gran hambruna y la fragilidad de la dependencia

La excelencia agrícola de Madrid en tu mesa

Las patatas LA CHULAPONA representan la máxima expresión de calidad, frescura y origen local en la producción de tubérculos en España. Cultivadas 100% en la Comunidad de Madrid, estas patatas se han convertido en la opción preferida de chefs, restauradores y consumidores conscientes que valoran la procedencia garantizada y el sabor excepcional. Descubre qué hace única a esta variedad y por qué es la patata de referencia para la cocina madrileña.   Origen y procedencia: La garantía del sello «M» Las patatas LA CHULAPONA se cultivan íntegramente en la Comunidad de Madrid, especialmente en la Comarca de las Vegas, una región con una tradición agrícola centenaria y suelos de fertilidad excepcional. Esta ubicación geográfica estratégica en el sureste de la Comunidad de Madrid permite que los productores homologados que trabajan con FRUSANGAR garanticen el cumplimiento riguroso de la normativa española y comunitaria. El distintivo «M» de calidad y origen de la Comunidad de Madrid certifica que se trata de las primeras patatas en obtener esta denominación de garantía regional. Este sello es una promesa: producto local, recolectado con cuidado, envasado con precisión y disponible siempre cerca del consumidor, ya sea en grandes cadenas de supermercados, mayoristas, pequeño comercio local o a través del canal HORECA.   Características que definen la excelencia Las patatas LA CHULAPONA poseen atributos específicos que las diferencian en el mercado agrícola español: Frescura garantizada: La recolección nocturna mantiene intactas las propiedades naturales del tubérculo y asegura que llegue a tu cocina en condiciones óptimas. Versatilidad culinaria comprobada: Estas patatas se adaptan perfectamente a todas las elaboraciones: fritura, cocción, asado, guiso. Son ideales para la tortilla de patatas tradicional, acompañamientos gourmet, puré cremoso, ensaladas frías y recetas innovadoras de alta cocina. Producción sostenible: Se cultivan sin antigerminantes químicos y utilizando únicamente fertilizantes orgánicos, lo que minimiza el impacto ecológico y responde a las expectativas de consumidores comprometidos con la sostenibilidad. Controles de calidad rigurosos: Desde la selección en campo hasta el envasado final, cada lote pasa por inspecciones exhaustivas que garantizan uniformidad, ausencia de defectos y cumplimiento de especificaciones técnicas.   Temporada y disponibilidad La campaña de LA CHULAPONA es estacional, generalmente disponible (a la venta) entre los meses de julio y enero/febrero. Esta variabilidad responde a los ciclos naturales de cosecha y garantiza que siempre recibas patatas nuevas y frescas, nunca almacenadas de campañas anteriores. FRUSANGAR, a través de sus tres generaciones de compromiso con el campo y el cliente, coordina pedidos anticipados para asegurar el suministro a la industria alimentaria, cadenas de restauración, hospitales, residencias y establecimientos gastronómicos durante esta ventana de máxima disponibilidad.   Versatilidad en el sector profesional La preferencia por LA CHULAPONA trasciende el consumidor doméstico. Grandes cadenas de restauración, grupos hoteleros, restaurantes locales especializados, residencias de estudiantes, cocinas industriales, residencias de mayores y centros hospitalarios confían en esta variedad. La razón es clara: una patata que rinde consistentemente en cualquier contexto, que mantiene sus características nutricionales intactas y que proporciona resultados predecibles en cualquier preparación.   Valor añadido: Sabor con identidad territorial Consumir patatas LA CHULAPONA significa elegir un producto local anclado en la identidad agrícola madrileña. No es solo un tubérculo; es el resultado de generaciones de conocimiento agrícola, inversión en sostenibilidad y compromiso con la calidad sin compromisos. La combinación de suelos fértiles de la región, prácticas agrícolas responsables y selección rigurosa genera un perfil sensorial único que los chefs profesionales reconocen y valoran.   Las patatas LA CHULAPONA ejemplifican cómo la tradición agrícola, la innovación sostenible y el control de calidad convergen para crear un producto extraordinario. Certificadas con el sello «M» de la Comunidad de Madrid, disponibles en la mayoría de canales de distribución y respaldadas por décadas de confianza profesional, estas patatas son la opción definitiva para quien busca lo mejor del campo español. Ya sea para una tortilla de patatas hogareña o para creaciones gastronómicas de alta cocina, LA CHULAPONA garantiza que el resultado será siempre excepcional.

El origen de las patatas fritas

Las patatas fritas se han convertido en uno de los platos más populares y queridos del mundo. Crujientes por fuera y tiernas por dentro, se sirven como acompañante de hamburguesas, pescados, carnes o simplemente para disfrutarlas solas. Detrás de este sencillo alimento se esconde una historia llena de controversias, leyendas y secretos culinarios que cualquier amante de la gastronomía debería conocer.   La gran disputa: ¿Bélgica o Francia? El origen de las patatas fritas es un tema que ha generado un debate durante siglos entre dos países europeos: Bélgica y Francia. Ambos reclaman con orgullo la invención de este plato emblemático y presentan evidencias históricas que alimentan esta polémica.   La versión belga: tradición del siglo XVII La tradición belga atribuye el nacimiento de las patatas fritas al valle del río Mosa, en la región de Namur, allá por el siglo XVII. De acuerdo con esta historia popular, los habitantes de esta zona solían freír pequeños pescados como parte de su dieta habitual. Pero cuando el río se congelaba y la pesca se volvía difícil, empezaron a cortar las patatas en forma de pequeños peces y freírlas como una alternativa[…]. Esta costumbre se transmitió de generación en generación, convirtiéndose en un símbolo cultural de Bélgica. Sin embargo, hay una discrepancia importante: el historiador gastronómico belga Pierre Leclercq señala que las patatas no llegaron a Namur hasta 1735, y que las primeras frituras documentadas datan de 1739. Además, esas primeras frituras se hacían en rodajas, no en los bastones que conocemos actualmente[…]. No obstante, Bélgica ha hecho de las patatas fritas un elemento esencial de su identidad nacional, con un museo dedicado exclusivamente a ellas en Brujas, el Frietmuseum.   La versión francesa: documentación del siglo XVIII Francia aporta datos documentados más consistentes. Las famosas pommes frites aparecen mencionadas en París en 1775 en publicaciones gastronómicas, y la receta moderna se encuentra en un libro de cocina de 1795, “La Cuisinière Républicaine” de Madame Mérigot. Este plato se habría popularizado a finales del siglo XVIII en el conocido Pont Neuf de París, donde vendedores ambulantes ofrecían patatas cortadas en bastones y fritas en aceite, como comida callejera económica y rápida[…]. Durante los siglos XVIII y XIX las patatas fritas se hicieron muy populares en París, antes de extenderse a Bélgica y otros países. Esta documentación temprana fortalece la afirmación francesa sobre su invención.   El debate sin fin A pesar de las evidencias y documentos, esta controversia sigue abierta. Durante la Primera Guerra Mundial, las tropas estadounidenses en territorio francés probaron por primera vez las patatas fritas, y las llamaron “french fries”, confundiendo aún más su procedencia. Pierre Leclercq, historiador belga, concluye que, aunque el origen primigenio de este plato parece estar en Francia, Bélgica desarrolló su propia cultura y estilo característicos que incluye un tipo específico de patata, el corte en bastones y la particular técnica de la doble fritura.   El antecedente más antiguo: Chile, 1673 Antes del debate franco-belga, existe una mención más antigua en el libro «Cautiverio feliz» de Francisco Núñez de Pineda (1673), donde se describe cómo las mujeres mapuches de la región de Nacimiento, Chile, freían patatas. Aunque esto sitúa un antecedente de la fritura en América, la patata frita moderna tal como la conocemos se relaciona principalmente con Europa.   El nacimiento de las patatas chips: una venganza culinaria La historia de las patatas chips es única y curiosa. En 1853, en Saratoga Springs, Nueva York, el chef George Crum preparó por accidente estas finísimas y crujientes rebanadas. Trabajando en el restaurante Moon’s Lake House, Crum sirvió patatas fritas al estilo francés a un cliente muy exigente que se quejó repetidamente por el grosor y la textura. Cansado, Crum cortó las patatas casi tan finas como papel, las frió hasta dejarlas extremamente crujientes y las saló generosamente. Su intención era hacer patatas difíciles de pinchar con un tenedor, obligando al cliente a comerlas con las manos. Para sorpresa de Crum, el cliente adoró el resultado y esta creación, llamada inicialmente «Saratoga Chips», se convirtió en un éxito inmediato y en uno de los snacks más consumidos en todo el mundo. Las variedades de patata perfectas para freír Uno de los secretos mejor guardados para conseguir unas patatas fritas inmejorables es seleccionar la variedad de patata ideal. El contenido de almidón y la cantidad de humedad son determinantes para obtener un acabado crujiente y sabroso. Patata Agria: Considerada la mejor para freír, posee un alto contenido de almidón y baja humedad, lo que garantiza textura crujiente por fuera y suave por dentro. Su piel oscura y rugosa es característica. Monalisa: Muy versátil, tiene un equilibrio perfecto entre agua y almidón, permitiendo un resultado uniforme y sabroso. Kennebec: Popular en regiones como el norte de España, se caracteriza por su textura firme y sabor intenso, adecuada tanto para fritura como para horneado. Lady Amarilla: Busca reducir la absorción de aceite y es muy apreciada por su sabor suave. Otras variedades recomendadas incluyen la Desirée, Bintje, Charlotte, Soprano, Red Pontiac, Spunta y Baraca.   Los aceites más recomendados para freír La elección del aceite es fundamental para obtener unas patatas fritas sabrosas y saludables: Aceite de girasol alto oleico: Muy utilizado en cocinas profesionales por su estabilidad a altas temperaturas y sabor neutro. Aceite de girasol estándar: Popular por su punto de humo alto y sabor ligero. Aceite de oliva virgen extra: Ideal para añadir un aroma y sabor ricos, además de beneficios para la salud. Se recomienda freírlo a temperaturas alrededor de 180°C. Otros aceites son el de canola o cacahuete, así como la manteca o grasa de pato que se usa para un toque más gourmet.   La técnica de la doble fritura, el secreto definitivo La técnica de doble fritura es lo que transforma una simple patata en una delicia crujiente y dorada: Primera fritura o escaldado (140-160°C): Se cuecen las patatas a baja temperatura durante 5 a 8 minutos para que se cocinen por dentro sin dorarse. Descanso: Después del primer paso, es importante dejar reposar las patatas unos 5-20 minutos, incluso algunos las congelan para mejorar la textura. Segunda fritura (180-190°C): Se fríen de nuevo durante 2 a 4 minutos a fuego más alto hasta que adquieren un tono dorado y una textura crujiente inconfundible. Escurrido y salado: Se escurren, se salan inmediatamente