El futuro de la patata se debate en Fruit Attraction

La cadena de valor de la patata afronta un reto compartido: lograr que la información circule mejor entre el campo, las empresas comercializadoras, la industria, la distribución, la restauración y el consumidor. Ese fue el eje central de “El valor de la cadena”, el debate organizado por Revista Campo y FRUSANGAR en Fruit Attraction 2026, en el que participó Juan Carlos Sánchez García, director general de FRUSANGAR. El encuentro reunió a profesionales de diferentes eslabones para analizar cómo mejorar la planificación, responder con mayor precisión a la demanda y generar una rentabilidad sostenible para todos. La conclusión fue clara: el futuro del sector no depende únicamente de producir más o vender más, sino de trabajar con más coordinación, previsión y conocimiento compartido. Para FRUSANGAR, esta conversación está directamente relacionada con su papel dentro del mercado. Como empresa situada entre el origen agrícola y los clientes profesionales, recibe información de ambos lados: conoce las necesidades del campo y, al mismo tiempo, escucha a compradores, distribuidores y restauradores. Convertir esa información en decisiones útiles es una de las claves para fortalecer el sector.   La patata, protagonista en Fruit Attraction 2026 Fruit Attraction celebró su decimoctava edición del 6 al 8 de octubre de 2026 en IFEMA Madrid. La feria, organizada por IFEMA MADRID y FEPEX, reunió a la producción, la comercialización, la industria auxiliar, la logística, la tecnología y los servicios especializados del sector hortofrutícola. En esta edición, la patata fue elegida Producto Estrella de Fruit Attraction 2026. El objetivo era reforzar la visibilidad de un cultivo considerado estratégico por su aportación a la seguridad alimentaria y poner en valor su relevancia económica, social y nutricional. El programa específico comenzó el 5 de octubre con el I Simposio Internacional de la Patata, organizado por FEPEX en colaboración con Fruit Attraction y Europatat. Producción, comercio, industria e instituciones abordaron cuestiones relacionadas con el mercado, la sanidad vegetal, la innovación, el consumo y el futuro del cultivo en España y Europa. Dentro de este contexto, el debate impulsado por Revista Campo y FRUSANGAR permitió llevar la conversación a un terreno especialmente práctico: cómo conseguir que todos los eslabones de la cadena trabajen con objetivos más alineados.   Un debate con toda la cadena “El valor de la cadena”, celebrado en el espacio de Banco Santander, reunió al productor y técnico Alfonso Alonso; a Juan Carlos Sánchez García, director general de FRUSANGAR; a Miguel Ángel Heras, jefe de Compras de Frutas y Verduras de Makro España; a Nicolás Benito, presidente de ASEACAM; y al chef Íñigo Urrechu, del restaurante Urrechu. La composición de la mesa permitió recorrer el trayecto completo de la patata. Desde quien decide qué plantar y asume el riesgo de la campaña hasta quien selecciona, acondiciona, distribuye, compra o transforma el producto en una cocina profesional. Cada participante aportó una perspectiva distinta, pero los mensajes coincidieron en varios puntos: La información debe viajar en las dos direcciones de la cadena. La producción necesita mayor previsión y estabilidad. El mercado debe conocer mejor la realidad del campo. La demanda del consumidor tiene que trasladarse hasta el origen. La innovación solo aporta valor si responde a necesidades reales. La rentabilidad debe alcanzar a todos los eslabones. La patata debe valorarse más allá de una comparación puntual de precios. Estos principios resultan especialmente relevantes en un producto agrícola expuesto a la meteorología, la disponibilidad de agua, la evolución de los costes, las diferencias de calibre y calidad, la capacidad de almacenamiento y las oscilaciones del consumo. ¿Qué es la cadena de valor de la patata? La cadena de valor de la patata es el conjunto de profesionales, empresas, operaciones y decisiones que hacen posible que un tubérculo cultivado en una parcela llegue al consumidor con la calidad, la seguridad y el formato adecuados. No se trata únicamente de una sucesión logística. Cada eslabón transforma o completa el valor del producto: El agricultor elige la variedad, prepara el suelo, planta, riega, protege y cosecha. La empresa comercializadora conecta la disponibilidad agrícola con las necesidades del mercado. La industria selecciona, clasifica, acondiciona, envasa o transforma. La logística conserva el producto y garantiza que llegue a tiempo. La distribución adapta surtidos, cantidades y formatos a cada canal. La restauración convierte la patata en una experiencia gastronómica y detecta cambios en las preferencias. El consumidor valida finalmente la cadena con su decisión de compra. Cuando estos actores trabajan de forma aislada, aumenta el riesgo de producir variedades, volúmenes o calibres que no coincidan con la demanda. También se dificulta anticipar campañas promocionales, necesidades de la hostelería, cambios en los formatos o tensiones de suministro. Por el contrario, una cadena agroalimentaria coordinada puede planificar mejor, reducir ineficiencias y reaccionar antes ante los cambios del mercado.   La participación de Juan Carlos Sánchez García La intervención de Juan Carlos Sánchez García, director general de FRUSANGAR, situó la sostenibilidad económica del productor en el centro del debate. Su mensaje resumió una de las grandes preocupaciones de la cadena: “Si no hay sostenibilidad, no hay futuro”. Esta sostenibilidad no se limita al impacto ambiental. También implica que cultivar patatas resulte económicamente viable, que el agricultor disponga de mayor certidumbre y que pueda recibir una recompensa proporcionada al trabajo, los costes y los riesgos asumidos. La producción agrícola comienza mucho antes de la cosecha. El agricultor debe decidir qué parcela utilizar, qué variedad plantar, qué superficie dedicar al cultivo y qué recursos necesitará durante la campaña. Muchas de esas decisiones se toman sin conocer todavía con exactitud cómo evolucionarán la demanda, la meteorología o el mercado. Por eso, Sánchez García defendió la importancia de ofrecer al productor mejores condiciones de planificación. Saber qué se va a sembrar, para qué mercado y con qué expectativas permite reducir incertidumbre y construir relaciones más estables. Su participación también destacó la responsabilidad de la industria y de las empresas comercializadoras. Estos eslabones no deben limitarse a comprar y vender: pueden aportar valor mediante I+D+i, trazabilidad, selección, control de calidad y mejora continua de los procesos.