Merma de la patata: el coste que no ves en la factura

Hay un número que muchos profesionales de la hostelería dan por bueno sin cuestionarlo: el precio de compra de la patata por kilo. Sin embargo, ese dato es solo el punto de partida. Lo que realmente impacta en la rentabilidad de un negocio de restauración, un catering o una cocina central es el coste real de la patata por ración útil, es decir, lo que queda después de pelar, limpiar, retirar zonas en mal estado y dar forma al producto para el plato final.

Esa diferencia tiene nombre propio: se llama merma. Y en el caso de la patata fresca, es uno de los ingredientes que más varía en función de la variedad, el calibre, el método de preparación y la calidad del producto en origen. Controlarlo no es una cuestión de ahorro puntual: es la diferencia entre saber exactamente cuánto te cuesta un plato o trabajar sobre suposiciones que, tarde o temprano, erosionan el margen del negocio.

En FRUSANGAR lo vemos en cada temporada. Cuando un comprador elige la patata únicamente por precio por kilo, a menudo no está eligiendo la opción más económica. Está eligiendo la opción más barata en origen, sin saber cuánto le costará realmente en cocina.

 

Qué es la merma y por qué importa más de lo que parece

La definición que todo profesional debería tener clara

La merma es la pérdida de peso o de volumen aprovechable de un ingrediente durante las fases de preparación anteriores a su cocinado o servicio. Incluye todo lo que se descarta: la piel al pelar, los ojos, las zonas verdes o con golpes, las partes que quedan como polvo o viruta al cortar y cualquier porción que, por razones de elaboración, no acaba en el plato del cliente.

En la gestión de costes de hostelería, la merma tiene dos naturalezas distintas:

  • Merma natural: la que genera el propio producto por su condición de alimento fresco. En la patata, se trata principalmente de la piel, los ojos y las pérdidas por deshidratación o deterioro superficial.
  • Merma operativa: la que introduce el proceso de manipulación en cocina. Depende de la técnica del cocinero, del grosor del pelado, de las decisiones de limpieza y de si la patata va a pelarse o a cocinarse con piel.

La suma de ambas determina el rendimiento real del producto: el porcentaje del kilo comprado que efectivamente llega a ser alimento servido.

 

Los porcentajes de merma de la patata: datos reales de cocina

Los datos que manejan los profesionales de cocina, contrastados con estudios de rendimiento, sitúan la merma de la patata en los siguientes rangos:

Método de preparación
Merma estimada
Rendimiento aprovechable

Pelado completo (peladora industrial)

15-20%

80-85%

Pelado completo a mano (cuchillo)

20-30%

70-80%

Pelado parcial o con piel

5-10%

90-95%

Patata con golpes o zonas verdes

Hasta 35%+

Variable

Estos porcentajes no son teóricos: son los que se observan en cocinas profesionales reales, y varían de forma significativa en función de tres factores clave: la calidad del producto, la homogeneidad del calibre y el estado de la patata en el momento de la preparación.

Una patata de calibre irregular obliga a adaptar continuamente la técnica de pelado y dispara el tiempo de mano de obra. Una patata con zonas verdes o con brotes avanzados puede multiplicar la merma operativa por encima del 30%.

 

Cómo calcular el coste real de la patata por ración

La fórmula que convierte el precio de compra en coste útil

El escandallo es la herramienta estándar en hostelería para calcular el coste real de un plato ingrediente a ingrediente. Y la patata, por su protagonismo en la gastronomía española, aparece en una proporción altísima de los escandallos que se hacen en cualquier restaurante.

La fórmula para calcular el coste real por kilo aprovechable a partir del precio de compra es:

Coste real = Precio de compra por kilo ÷ Rendimiento (en tanto por uno)

Por ejemplo, si una partida de patata cuesta 0,90 €/kg y tiene una merma del 20%, el rendimiento es del 80%, es decir, 0,80. El cálculo queda así:

Coste real = 0,90 € ÷ 0,80 = 1,125 €/kg aprovechable

Ese 0,225 € de diferencia por kilo puede parecer poco, pero si una cocina profesional usa 500 kg de patata al mes, la diferencia entre calcular con el precio de compra o con el coste real asciende a 112,50 € mensuales, es decir, más de 1.350 € al año. Una cifra que, proyectada al conjunto de una operación de restauración o catering de volumen, se convierte en un dato que no puede ignorarse.

 

El impacto del calibre en el coste real

Uno de los factores que más influyen en el rendimiento de la patata, y que menos se analiza en el momento de la compra, es la homogeneidad del calibre. Cuando el calibre de los tubérculos es irregular, se generan dos tipos de pérdidas que rara vez aparecen en el precio de compra:

  • Mayor tiempo de mano de obra: pelar piezas de tamaño muy distinto requiere ajustar el tiempo y la técnica en cada tubérculo. En una cocina central con producción diaria de cientos de kilos, eso se traduce directamente en horas de personal.
  • Mayor merma proporcional en las piezas pequeñas: la relación entre superficie de piel y volumen interior es menos favorable en las patatas de calibre pequeño. Hay más piel por kilo de patata comprada, y por tanto más pérdida al pelar.

Un proveedor que suministra patata con calibre homogéneo y documentado no solo facilita el trabajo en cocina: está entregando un producto con un coste real por ración predecible, que puede incorporarse con exactitud al escandallo.

 

Variedades de patata y su impacto en la merma

No todas las variedades se pelan igual

La variedad de patata condiciona no solo el comportamiento en cocina, sino también el rendimiento durante la manipulación previa. Algunos factores que dependen directamente de la variedad:

  • Profundidad de los ojos: las variedades con ojos profundos requieren más excavación en el pelado y aumentan la merma operativa.
  • Grosor de la piel: variedades de piel fina permiten un pelado más superficial con menor pérdida de carne.
  • Irregularidades morfológicas: los tubérculos muy alargados, angulados o con formas complejas aumentan la pérdida al cortar o al dar forma a las piezas para el plato.
  • Contenido en materia seca: una variedad con alto contenido en materia seca retiene mejor la forma durante la cocción, lo que reduce las pérdidas por rotura o desintegración.

En términos generales, las variedades más adaptadas al canal profesional y con mejor comportamiento en merma son aquellas con morfología regular, ojos poco profundos y piel fina. Es el caso de variedades como la Monalisa, la Agria o la Kennebec en sus tramos de calibre más homogéneo.

 

El estado del producto en el momento de la recepción

Un aspecto que condiciona la merma de forma determinante, y que muchos compradores no incluyen en sus fichas de control, es el estado del producto en el momento de la recepción en cocina. Los principales indicadores que deben revisarse son:

  • Presencia de zonas verdes (solanina): obligan a retirar toda la zona afectada con margen de seguridad.
  • Brotes activos: señal de que la patata ha superado su ventana óptima de uso; disparan la merma al pelado.
  • Golpes y magulladuras: zonas necróticas que hay que eliminar siempre.
  • Deshidratación superficial: patatas arrugadas o con piel floja indican pérdida de agua y, en consecuencia, menor rendimiento por pieza.

Un proveedor que controla la vida comercial del producto, informa sobre la semana de cosecha o envasado y garantiza entregas frecuentes con rotación adecuada reduce de forma directa la merma que llega a cocina antes de empezar a pelar.

 

La Ley del Desperdicio Alimentario y su impacto en la gestión de mermas

Una normativa que ya exige documentar las pérdidas

La Ley 1/2025 de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario entró en vigor el 2 de abril de 2025, y sus principales obligaciones son exigibles desde el 3 de abril de 2026. Esto significa que, en este momento, restaurantes, hoteles, caterings y empresas de restauración colectiva tienen que haber comenzado a documentar sus procesos de gestión de mermas.

La ley obliga a las empresas del sector a disponer de un Plan de Prevención del Desperdicio Alimentario que incluya, entre otros aspectos:

  • Identificación de los puntos de la cadena donde se generan pérdidas
  • Aplicación de una jerarquía de gestión: priorizar la donación, luego la transformación, después la alimentación animal, y solo en último lugar el residuo
  • Formalización de acuerdos con entidades de donación cuando existan excedentes aptos para el consumo
  • Medidas operativas para reducir el desperdicio en las fases de preparación y producción

Las sanciones por incumplimiento pueden llegar hasta los 500.000 euros para infracciones graves. No es una normativa que pueda dejarse para más adelante.

 

Qué implica esto en la práctica para el comprador de patata

Gestionar las mermas de patata de forma documentada ya no es solo una buena práctica de eficiencia: es parte del cumplimiento normativo. Un negocio de hostelería que trabaja con patata fresca y no mide su merma operativa no solo pierde rentabilidad; está incumpliendo la obligación de identificar y documentar los puntos donde se genera desperdicio en su proceso productivo.

El vínculo con el proveedor es directo: elegir un proveedor que suministra producto homogéneo, en buen estado y con vida comercial documentada reduce la merma antes de que se genere. La gestión del desperdicio empieza en la decisión de compra, no en la cubeta de residuos de la cocina.

 

Cómo reducir la merma de patata en una cocina profesional: estrategias prácticas

La reducción de mermas en patata fresca se apoya en cuatro pilares que pueden implementarse de forma progresiva:

 

Especificación de producto en el pedido

Definir con el proveedor los parámetros técnicos del producto que se va a recibir: variedad, calibre, categoría y vida útil esperada. Cuanto más precisa sea la especificación, más predecible será la merma y más ajustado estará el escandallo.

 

Control en la recepción

Establecer un protocolo de revisión de cada partida recibida: presencia de brotes, zonas verdes, golpes, calibre real respecto al pedido y estado de la piel. Un registro sencillo en papel o en digital permite identificar si un proveedor concreto genera sistemáticamente más merma que otro, y negociar sobre datos.

 

Fichas de merma por uso

Crear fichas técnicas diferenciadas según el destino de la patata: pelada para fritura, troceada para guiso, entera para horno o cocción con piel. Cada uso tiene un porcentaje de merma distinto, y confundirlos lleva a escandallos incorrectos y a precios de plato mal calculados.

 

Método FIFO y rotación de stock

Aplicar el método FIFO (First In, First Out: lo primero que entra, lo primero que sale) en el almacén es la forma más sencilla de evitar que la patata acumule tiempo y genere merma por deterioro antes de usarla. La patata almacenada en condiciones inadecuadas —con luz, calor o humedad excesiva— desarrolla brotes y zonas verdes que aumentan la merma en el momento del pelado.

 

El papel del proveedor en el coste real de la patata

La relación entre el comprador profesional y su proveedor de patata fresca no termina en el albarán de entrega. Un proveedor que conoce el negocio de su cliente, informa de los cambios de variedad o de lote, garantiza la homogeneidad de calibre y entrega producto en el punto óptimo de vida comercial está contribuyendo activamente a reducir el coste real de la patata en cocina.

En FRUSANGAR trabajamos con esta lógica desde hace más de tres décadas. Sabemos que el precio de compra es solo el primer número de la ecuación. El segundo —el que determina si la operación es rentable— es el que aparece al final de un buen escandallo: el coste real por ración útil, con la merma correctamente calculada y el producto elegido en función del uso que le va a dar el cocinero, no solo del precio de la factura.

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