¿Por qué baja la cosecha mientras suben los costes de producción?

La cosecha de patata en España puede disminuir al mismo tiempo que aumentan los costes porque producir más caro no garantiza obtener más kilos. En 2026 han coincidido una menor disponibilidad de agua, episodios de calor, rendimientos más bajos y una reducción de la superficie en determinadas categorías, mientras el agricultor sigue pagando por semilla, riego, energía, fertilizantes, fitosanitarios, maquinaria, combustible, tierra y mano de obra. El resultado es una ecuación difícil: menos producto comercializable para repartir unos gastos elevados. ASONAL, integrada en FEPEX, estima que España producirá alrededor de 1,8 millones de toneladas de patata en 2026, frente a los 1,95 millones de 2025. La diferencia equivale a una caída aproximada del 7,69% y sitúa a la campaña entre las más cortas de los últimos años. Este retroceso no se distribuye de manera uniforme. Según las estimaciones sectoriales, Andalucía habría registrado una disminución de entre el 30% y el 35%, mientras que en Castilla y León, Galicia y País Vasco los descensos se situarían entre el 10% y el 15%. Detrás de esas cifras aparece una realidad que afecta a toda la cadena: cuando baja el rendimiento, cada kilo soporta una parte mayor del coste de la explotación.   Cuánto cuesta producir un kilo de patata Un estudio elaborado por la Universidad de Valladolid, tomando como referencia la campaña de 2025 en Castilla y León, calculó que producir patata de regadío costaba de media 0,18 euros por kilo, equivalentes a 179,30 euros por tonelada. El cálculo partía de un coste medio de 8.023 euros por hectárea y de un rendimiento esperado de 44,7 toneladas por hectárea. No existe, sin embargo, un coste idéntico para todas las explotaciones. El mismo estudio reflejó diferencias provinciales importantes: desde 6.899 euros por hectárea en Palencia hasta 8.832 euros en Segovia y 8.735 euros en Ávila. La disponibilidad de agua, el precio del arrendamiento, la maquinaria utilizada, la distancia a la parcela, el tipo de suelo, la variedad y el rendimiento final modifican la cuenta. El dato de 0,18 euros pertenece a la campaña de 2025. Representantes del sector han advertido de que el incremento posterior de varios insumos podría acercar el coste efectivo de 2026 a 0,20 euros por kilo. No es una cifra oficial cerrada para todas las explotaciones, sino una estimación que ayuda a entender la presión acumulada. En otras palabras, el coste por kilo depende de dos elementos: cuánto se gasta por hectárea y cuántos kilos se recogen. Si una explotación mantiene un gasto cercano a 8.000 euros por hectárea, pero el calor y la falta de agua reducen la producción, cada patata obtenida sale más cara.   Por qué disminuye la cosecha de patata La caída no responde a una única causa. Es el resultado de varios factores que se refuerzan entre sí: menos agua disponible, temperaturas elevadas, menor superficie sembrada en determinadas campañas, calibres más pequeños y decisiones empresariales condicionadas por la rentabilidad del año anterior. La falta de lluvia reduce el rendimiento La patata necesita disponer de agua en momentos concretos de su ciclo, especialmente durante la formación y el engorde de los tubérculos. Cuando el suelo no mantiene la humedad necesaria, la planta limita su actividad y dirige sus recursos a sobrevivir. Esto puede traducirse en menos tubérculos, piezas más pequeñas o una parada prematura del crecimiento. ASONAL atribuye la reducción española de 2026 principalmente a la escasez de precipitaciones. El impacto habría sido especialmente intenso en las zonas de patata temprana del sur, donde la campaña se acortó de forma notable. Tener riego no elimina por completo el problema. El agua puede ser más cara, estar limitada o no llegar en el momento óptimo. Además, cuando las temperaturas son muy altas, parte se pierde por evaporación y la planta sufre estrés aunque la parcela reciba aportes adicionales. El calor frena el engorde La patata es sensible a las temperaturas elevadas durante la tuberización, el proceso mediante el que la planta forma y desarrolla los tubérculos. Un periodo prolongado de calor puede acortar esta fase, elevar las necesidades de riego y reducir tanto el rendimiento como el calibre. En el noroeste europeo, el calor y la sequía de julio y agosto afectaron al desarrollo incluso en zonas regadas. La NEPG estima un rendimiento medio de 40,5 toneladas por hectárea en Bélgica, Alemania, Francia y Países Bajos, frente a 47 toneladas en 2025 y 44,7 toneladas de media durante los cinco años anteriores. Aunque los datos europeos no pueden trasladarse automáticamente a España, muestran que se trata de un problema compartido. La combinación de altas temperaturas y déficit hídrico está reduciendo el potencial productivo en buena parte de las principales regiones patateras del continente. También se cultivan menos hectáreas La producción total depende del rendimiento por hectárea, pero también de cuántas hectáreas se siembran. Los avances del Ministerio de Agricultura publicados en 2026 estimaban un descenso del 3,2% en la superficie española total de patata. Dentro de ese conjunto, la superficie de media estación caía un 3,3% y la tardía un 7,1%, mientras la extratemprana aumentaba y la temprana permanecía prácticamente estable. Castilla y León afrontó la campaña con unas 16.600 hectáreas sembradas, según información sectorial publicada en agosto, frente a las 19.500 hectáreas que sirvieron como referencia al estudio de costes de la campaña anterior. Las cifras pertenecen a momentos y fuentes diferentes, pero apuntan a una reducción relevante de la superficie en la principal comunidad productora. ¿Por qué un agricultor decide sembrar menos? Porque la patata exige una inversión elevada antes de saber cuál será el rendimiento y el precio de venta. Después de una campaña con exceso de oferta o precios débiles, reducir superficie puede ser una forma de limitar el riesgo financiero.   Por qué suben los costes de producción Los costes de producción de la patata no se limitan a la semilla y al combustible de la cosechadora. Incluyen el arrendamiento o coste de oportunidad de la tierra, preparación del terreno, semilla, fertilización, protección fitosanitaria, agua, electricidad, gasóleo, maquinaria, reparaciones, amortizaciones,